Spanish poem
El Perfecto Malcriado Es El Que En Todo
by Rafael Pombo
El perfecto malcriado es el que en todo Acierta a conducirse de tal modo Al prójimo atormenta e importuna. Que sin objeto ni ganancia alguna Su primera virtud, el egoísmo, Pues no piensa jamás sino en sí mismo, Y aunque desprecio general reporta, Hizo cual quiso, y lo demás no importa. Para sobresalir en este ramo, De preferencia tu atención reclamo Sobre el ruido, el yo y el desaseo, Que son para el ajeno atornilleo Grandes medios, acaso los mejores, Hallados hasta hoy por los doctores. Hablarás, pues, muy recio en todo caso, Y más cuando hablan otros; y si acaso Es chillona tu voz o destemplada, Tanto mejor será la cencerrada. Al subir y al bajar una escalera Hazte sentir cual mula bien cerrera; Y una vez en tu cuarto, sálta y brinca, Que para eso pagas por la finca, Y declárate el coco, el espantajo Del infeliz del cuarto de debajo. Si el vecino padece de jaqueca, Como en ser estudioso nadie peca, Dedícate al violín, y noche y día Hazlo chillar con pertinacia impía, Y abre de par en par ventana y puerta Para tener la vecindad despierta. El yo es otro imponderable artículo Para volverse odioso, y aún ridículo. No toleres a nadie hazaña o cuento Sin que tú le interrumpas al momento Con historias del yo y hazañas tales, Que los demás se queden en pañales. En cualquiera desgracia o caso raro Di «Ya yo lo había dicho; eso era claro»; Y, aunque no te consulte ni pregunte, Dale un consejo a cada transeúnte; Y si no quiere oír lo que le dices, Métele tu opinión por las narices. Cítate por modelo en todo ramo, Dispón en todas partes como amo, Y ostenta que eres tú de todos modos, La única cosa que interesa a todos. Aunque en otros te apeste el desaseo No imagines que en ti lo encuentren feo. Muéstra los dientes, pues, llenos de sarro, Límpia en la alfombra del calzado el barro, Hábla escupiendo al prójimo en la cara, Méte en sopera y dientes tu cuchara, Di en la mesa primores que den bascas, Y erúcta recio, y charla cuando mascas, Y gargajéa y ráscate a menudo, Y écha al plato la tos y el estornudo, Y con los dedos límpiate el carrillo, E hínche el salón de hediondo cigarrillo. Y baste por ahora esta enseñanza Para primer lección de malacrianza. perfecto malcriado
ruido yo desaseo,
«Ya yo lo había dicho; eso era claro»;