Versos Spanish Rafael Pombo El Tambor Monstruo

Spanish poem

El Tambor Monstruo

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Dijo un rey cierta vez: —«Quiero que me hagan Un tambor sin igual, que hasta diez leguas Se haga escuchar, estremeciendo el viento. ¿No habrá quién lo fabrique? Y sus ministros —«Nosotros no podemos», contestaron. —«Yo sí», dijo Kandú, patriota insigne. Que entraba en ese instante; «pero advierto «Que costará un sentido el fabricarlo». —«¡Bravo!» repuso el rey, «no importa el costo». Y abrió a Kandú sus arcas, y en sus manos Puso cuantos tesoros encerraba. Kandú a las puertas del palacio al punto Todas aquellas joyas y metales Hizo llevar, y por solemne bando De un extremo a otro extremo del imperio Esta proclama publicó: «¡Vasallos! Su Majestad el rey, cuyas bondades Las de los dioses mismos rivalizan, Quiere desplegar hoy todo su afecto, Toda su compasión por la desgracia; Y del palacio manda que a las puertas Todos los siervos míseros ocurran». Pronto empezaron a llegar los pobres Del reino entero, un saco a las espaldas, Y en la mano un bordón; turba andrajosa Que los pueblos del tránsito invadía Y hacia la capital hormigueaba. Pasado un año el soberano dijo: «¿Qué hay del tambor?» «—Ya está», Kandú repuso. —«¿Cómo ya está, si nadie lo ha escuchado?» —«Señor, replicó aquél: dígnese pronto Vuestra Real Majestad dar una vuelta Por todos sus dominios, y hasta el último Recóndito lugar oirá los toques Del gran tambor, que aun fuera del imperio, De nación en nación van resonando». Listo el carro del rey, al sol siguiente Púsose en marcha, y viendo con delicia Que a todas partes se agolpaba el pueblo Con furia de entusiasmo a recibirlo, «¿Qué es esto? —preguntó—; ¿de dónde viene Tanto cariño y muchedumbre tanta?» —«Señor, —Kandú le respondió—; ya un año Hace que me ordenasteis construyese Un tambor que a diez leguas de distancia Se hiciera oír. Pensé que un pergamino Nunca pudiera difundir muy lejos De vuestros beneficios el aplauso; Por lo cual los tesoros que pusisteis A mi disposición, en buenas obras, En víveres y ropas y remedios Me di prisa a invertir, para socorro De los más infelices del imperio. Les hice un llamamiento en vuestro nombre Y acudieron ansiosos a la puerta De los consuelos, como hambrientos hijos Al seno de la madre generosa. Hoy pues os lo agradecen, y sus voces De reconocimiento, dondequiera Que os presentéis, resonarán, y alcanzan Donde ningún tambor llegará nunca; Porque las buenas obras son las madres Del aplauso legítimo, y sus ecos En cielo y tierra eternamente vibran».