Spanish poem
Estaba Yo Tendido En Mi Sofá
by Rafael Pombo
Estaba yo tendido en mi sofá (En prosa llana, un simple canapé) Saboreando el plácido maná De aquel inexplicable no sé qué. Que goza el que no piensa en dónde está Y olvida lo que es y lo que fue, Y, en nada sin tomar contra ni pro. Federado de todo, es sólo un «Yo». Cuando sin más ni más me constituí En profundo filósofo social, Y resolver problemas emprendí De ardua complicación trascendental; En estas y las otras me perdí En un ímprobo dédalo ideal Y vi que sin extraña inspiración No daba un paso más en la cuestión. Había tomado yo la sociedad Tal como toma un párvulo un reló, Llevado de la gran curiosidad De ver cómo esa bestia se inventó. Buscaba en la anarquía la unidad; Rueda por rueda examinaba yo, Y de todas maneras descubrí Que un motor me faltaba siempre allí. Dios da la cuerda: —el bien mezclando al mal A un incógnito fin llévanos pues; Es la vida el resorte principal, Y es la cadena el hábil interés. Cada ruedita una pasión mortal, Unas a otras moviéndose al revés: —Hasta aquí vamos bien; mas doy aquí Con ciertas cosas, cierto quis—vel—qui...! Y eran estas cosillas, mi lector Lo que estaba enredándome el magín; Y poniéndome pésimo el humor Y casi convirtiéndolo en esplín, Cuando, dejando el aire de rector, En tonillo de chanza exclamé al fin: —«¡No hay remedio! ¡aquí baila Satanás! ¡Diablo!—¡yo quiero verte!—¡en dónde estás!» —«Siempre a tu disposición», Me contestó en el instante Un caballero elegante Que coló por un rincón. Me sorprendió, ya lo creo, Y a poco más me accidento; Pero el Diablo, ello es el cuento, No me pareció tan feo. Por cierto que dandys mil De esos que dictan la moda Tomaran para su boda Apostura tan gentil. Ágil, esbelto, delgado, Insinuador y vivaz. Tan bien lineada la faz Como el cuerpo bien formado. Dijérase en homenaje Al perfectísimo gusto Que el traje lucía el busto Y el busto lucía el traje. La casaca, el pantalón... Todo, todo irreprochable... El hon más fashionable No haría una observación. Todo negro: mi mirada Sin embargo descubría Que cada pieza tenía Vueltas de seda encarnada. Y de la cintura al pie Bajaba una franja roja Como en una negra hoja Línea de sangre se ve. Retozábale en la mano Cual varita elegantísima Una víbora finísima De tinte rico y liviano. Y en todo su continente Sólo vino a darme enojo Ver que tenía cada ojo Una color diferente. Tomó asiento frente a mí Con garbo y desembarazo, Indicome con el brazo «No te me muevas de allí». Y luego con voz simpática. Como amigo de colegio Rompió mi huésped egregio Esta interesante plática.
motor
quis—vel—qui...!
esplín,
hon fashionable