Spanish poem
Este Es El Libro Del Buen Amigo
by Rafael Pombo
Este es el libro del buen amigo Que al buen amigo sólo se da; ¡Afortunado si yo consigo Mostrarme digno de nombre tal! En estas hojas busca su abrigo La flor más pura de la amistad: Para tu álbum de terciopelo ¡Quién trajera una del mismo cielo! ¡Cómo lograra mi fantasía, Unas octavas trovar gentil Tan deliciosas en armonía Como en conceptos dignas de ti! Dulces cual la última melodía Que arrulló a Weber para morir, Tan hechiceras, tan encantadas Cual tus sonrisas, cual tus miradas. Fuera yo mago, de mi redoma Aquí vertiera con limpidez Todas las tintas que el cielo toma En sus adioses al astro rey; Y lo más puro de toda aroma, Y lo más rico de toda miel, Y las más tiernas notas suaves Que gimen brisas y cantan aves. Mas no soy mago, ni soy poeta; Y ¡qué poeta ni qué pintor Guarda en su numen o en su paleta Lo que quisiera decirte yo! La estrofa escrita nunca es completa, Muda es la lengua del corazón. Tú, mujer, tú eres la poesía, El arte es sólo parodia fría. Y me entristecen vivas sospechas, Claro, Clarita, te las diré: Que estas sencillas, pobres endechas Que hoy bondadosa leerás tal vez, Pronto, cual leve vapor deshechas, O entre su féretro de papel, No han de valerme, cándido hechizo Que otra vez pienses en quien las hizo. Que en la memoria vuestra, hechiceras, Pasan los bardos con su laúd, Como las auras por las praderas, Como las nieblas ante la luz, Como las sombras de aves viajeras Sobre el espejo del mar azul... Versos, poetas que los cantáis, A un mismo olvido con ellos vais. Y yo, Clarita, yo que no tengo De ingenio y gracias mucho caudal, Que hoy a tus playas nativas vengo Y que mañana las dejo ya, Menos que nadie mañana obtengo Dulce un recuerdo de tu amistad, Menos que nadie logro expresivo Que otra vez leas lo que te escribo. Mas no, no ignoro cómo se alcanza De las hermosas la gratitud: Dame las llaves de tu confianza, Abre tu cielo, casto querub, Y de los sueños de tu esperanza Dime qué sueño prefieres tú: Yo en estos versos te lo pintara, Y aquí tus ojos embelesara. En una tarde de estas divinas Cuando te asomas a tu balcón, Y en él un codo fácil reclinas, Y en una mano la frente en pos; Cuando al halago de auras marinas La hermosa muerte miras del sol, Y te sumerge tanta belleza En las delicias de la tristeza. Tal vez entonces por tu alma pura Plácida imagen cruza ideal, Y con las alas de la ternura La ves mecerse sobre la mar; Tu rojo labio tal vez murmura No sé si un nombre, no sé si un ¡ay! Y tras la imagen que te embebece Tu alma se lanza, se desvanece... Son de esa imagen las ricas galas Lo que anhelara pintarte yo, Si me llevaras a do te exhalas En tu devota contemplación; Sus nacarinas, lucientes alas Ciñera en torno de todos dos, Y os arrullara sobre los cielos, Cual dos palomas, cual dos gemelos.
¡Ah, quién hallara la ignota clave De los delirios de la beldad! Ella del cielo tiene la llave, Y acaso a solas al cielo va; Ella los sueños del ángel sabe, Nada sabemos los hombres ¡ay! Cuando ella escucha nuestra querella, De nuestras dichas el alma es ella. Suyo es el oro del sentimiento, La voz soprano del corazón; En mente de hombre no hay pensamiento Tan exquisito como su amor; Paz y ternura son su elemento, Fe y sacrificio su inspiración; Cuando ella es mártir, en cada grito Anima un ángel, salva un maldito. ¡Qué misterios de cariño Cultos y altares tendrán En almas de ángel que están Bajo esas frentes de niño! ¡Quién sabe qué sentir pueda Con esas fibras de seda Un corazón de mujer, Si no hay voz a nuestro lloro! ¡A esos sentimientos de oro Qué humana voz puede haber! Por qué pues un canto quieres Que te ofrende, amiga mía, Cuando toda poesía Está en vosotras, mujeres; Y nosotros, a despecho Del insolente derecho Que funda la vanidad, Solo tenemos... la fuerza, Y una ironía perversa De la sensibilidad. Pero ordenaste, y cumplí; Justo es que des a mi canto Algo del inmenso encanto Que reside, Clara, en ti. Si lo leyeres, paloma, Denle tus labios su aroma, Y su armonía tu voz; Y al pasar tus ojos bellos. La viva luz que hay en ellos Ilumínelo veloz. Si no acertó a competir Con sus anhelos tu amigo, En vez de lo que te digo Lee lo que quise decir: El sueño que más te halague Y más placido embriague Tu afectuoso corazón; La nota privilegiada Que vibre el arpa encantada De tu virgen ilusión; Y un voto que por tu suerte Dirijo al Dios de bondad, Puro como la amistad, Sincero como la muerte; Que el patriota guerrero Que el tipo del caballero Dejó para ejemplo aquí, Haya feliz conquistado, Con su sino infortunado, La fortuna para ti.