Spanish poem
Eva
by Rafael Pombo
Besó Dios Padre con amor su frente, Y cual risueño niño entre la cuna Abrió los limpios ojos blandamente La Eva primera, la única inocente, Y cual primera, hermosa cual ninguna. Los ángeles que a Dios acompañaron, Cuando esos ojos a la luz se abrieron, Quietos y silenciosos la miraron, Y al subir otra vez, la faz tornaron, Y las pupilas húmedas sintieron. Nunca obra de mortal salió correcta, Ni hubo beldad sin disputada palma, Sólo Eva la feliz, la predilecta, Era de toda perfección perfecta, En rostro, en cuerpo, en corazón y en alma. Si usamos ver mujeres ¡ay! tan bellas Que eclipsan con su luz la luz del día Y apagan con sus ojos las estrellas, Eva, hermosa una vez por todas ellas, ¿Qué maravilla de beldad sería? Todo en Adán denuncia al soberano Del universo, al magistral modelo Que cinceló la omnipotente mano; ¡Vedle! Elástico, audaz, erguido, ufano Va hollando el polvo y contemplando el cielo. Y todo en Eva, del Señor señora Y alma flor de su ser la está diciendo Tipo de la adorada seductora Que desde Adán, para vencernos llora, Y nos doma y subyuga obedeciendo. Palpita en el cristal de su hermosura, Alta, esbelta, magnífica y suave, Un corazón abismo de ternura, Y el fuego celestial de una alma pura Que ni su amor ni su inocencia sabe. Sus ojos, otro cielo generoso Que por luz vierte amor y llueve llanto Al corazón del bendecido esposo; Veíase aún en su fondo un glorioso Reflejo del Señor, límpido y santo. Su frente, espejo fiel de un sol sereno De nunca perturbadas alegrías; Su ardiente boca, el cáliz siempre lleno De la felicidad, que en esos días No guardaba una gota de veneno. Ya era de besos delicioso nido Y orlado en rosa de acendrado aliento, Y era suya esa voz... oro fluido, Alma escapada, néctar del oído, Que embriaga el corazón y endulza el viento. Encuadrando aquel busto ancho y turgente Flota en cascada de oro a espaldas della Su blonda cabellera reluciente; Y es su traje nupcial digno presente Del mejor padre a la mujer más bella. Su pecho en grato vértigo, al amante Al despertar perplejo herir debía Cual doble catarata palpitante, Blanca, deslumbradora, fascinante, Que a un misterioso abismo le atraía. Eva, toda visible en gracias era, Porque de lo alto el serafín pudiera Verse encarnado en el querube humano, Reconociendo al par natura entera Su exquisito compendio soberano. La luz del sol, la agreste colgadura De primiciales flores, la segura Pureza y paz del mundo, eran su velo; Y globo de cristal de esa escultura, La diamantina bóveda del cielo. Y como el bronco mar, vasto, imponente, Para ceñir la mansa tierra umbría Y fecundarla activo en su corriente, Así, y uno para otro, únicamente. Allí de Eva a los pies su Adán yacía. Y así eran bellos ¡No, mucho más bellos! Que hoy el sumo ideal sólo es despojos De aquella realidad colmada en ellos, La ciencia, con satánicos destellos, Empañó el sol abriéndoles los ojos. Ganando esa del mundo triste ciencia Perdieron la divina, la presencia De Dios, supremo bien; y ya no es dado Al hijo de la noche y del pecado Ni verte, ni soñarte, ¡oh inocencia! ¡Oh hermosura celeste...! Aunque hoy sonría Y perverso en tu pérdida se engría El humano Luzbel cuando te nombra. En caza eterna, en criminal porfía Va persiguiendo tu ilusión, tu sombra, Para borrarla cruel. Bien sabe cuanto Nuestra felicidad perdió contigo; Conoce el salvador benigno encanto Que aún ejerce tu sombra, hechizo santo, Y por eso tenaz es tu enemigo. ¡Cuál tu poder y tu esplendor sería Si hoy mismo nos inflama y extasía Tu sombra, tu mentira, hasta tu nombre! Y eso que de ti queda, es todavía Imán en la mujer, gloria del hombre. Mas todo en Eva y en su Adán dilecto Plenitud armoniosa respiraba, Sin vago azar, sin saciedad de afecto, Su perfecta inocencia, amor perfecto, Y perpetuo como ella, aseguraba. Y a fin de hacerles saborear Dios pío Más suya y propia de ellos su ventura, Cual flor de su conciencia y su albedrío Hízoles libres, máximo atavío Que asemejó al Creador la criatura. Y hasta un cielo en el mundo darles quiso, Terrestre imagen del sublime cielo Donde él impera y ama; y de improviso Vieron en torno suyo un paraíso Al rasgar de sus párpados el velo.
Y a par que Adán, naturaleza entera, Como entre embelesada y envidiosa, Contemplaba a su dulce compañera; Que Dios le ha dado, en su creación postrera, Una rival, fecunda cuanto hermosa. Llevadas del imán de una sonrisa Trémulas boca y boca se besaron; El sol su luz amortiguó indecisa, Y tierra, y mar, y embalsamada brisa En acorde dulcísimo cantaron: «¡Salve, oh hija bendita de su sueño! Estaba solitario, estaba triste, Y en balde fue nuestro obsequioso empeño. ¡Salve, oh hermosa que a alegrar viniste La triste soledad de nuestro dueño! »Acepta el parabién de tus amores Y el eterno tributo que te damos, Para ti son nuestras pintadas flores; Para ti nuestros dulces ruiseñores Y las perlas y esencias que creamos. »Símbolo de abundancia y alegría ¡Oh esposa! escucha proclamar tu nombre Y tu triunfo a cuanto alumbra el día; Perlas da el mar, la tierra flores cría, Mas tú, ¡oh reina! al rey del mundo, al hombre».