Versos Spanish Rafael Pombo Monotonía

Spanish poem

Monotonía

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¿Esto es vivir?—¿En repugnante calma Ir viendo un sol tras otro sol morir, Sin un recuerdo que distraiga el alma Ni vislumbrar el alma un porvenir? Ver media juventud en el vacío Y el vacío a la otra preparar; Y lentamente agonizar de hastío Viendo alma y cuerpo agonizar al par. Esperar un mañana igual a hoy, Ser este hoy idéntico al ayer, Y mañana, hoy, ayer, un mes, un año, Triste lo que será cual lo que fue. El alma es una espada que se templa A fuerza de cruzarse y combatir, Pero quieta se embota y enmohece Hasta caer aniquilada al fin. Yo quiero movimiento, vuelo, espacio, Guerra, mar, tempestades, huracán; Golpes de esos que matan o subliman; Grandeza en el placer y en el pesar; Abrir todas las alas de la vida Multiplicar el tiempo en el afán, Tener conciencia de que Dios me hizo Señor del mundo que a su planta está. Dormir bajo las palmas del desierto, Dar eco entre las ruinas al laúd, Y a par del gaucho en mi veloz caballo Beber volando el transparente azul. Bendecir al Criador en la mañana Con la nieve del Andes a mis pies Y al dorado vapor de sus volcanes, Voluptuoso calentar la sien. Un haz de paja en medio a las rodillas Mano con mano con el indio audaz, Rodar del Páez por las pendientes lomas Oyéndolo entre abismos rebramar. O en la tarde, en mi caro Magdalena, De balsa leve al mimador vaivén, Al canto melancólico del boga Suspirar de tristísimo placer. O al borde del augusto Tequendama Del suicida sublime concepción, Provocar a la hermosa que se inmuta A saltar abrazándonos los dos. O suspendido de girante cuerda Sobre el Hoyo del Aire a oscuras ya, De hórrida inspiración galvanizado Reír oyendo el lazo traquear. O entre gachonas, danzas y bandidos, En las noches de amor del andaluz Danzar con ellas y coplear con ellos Con el puñal al lado del laúd. O en un día de hielo y desengaño En el San Pedro, agonizando el sol, Oír aquel tremendo miserere Que desquicia del polvo el corazón. O en la suprema angustia del combate, Cuando el amigo me abandona ya, Bregar con el que huye y el que viene Y más que nunca estusiasmado estar. O en deliciosa góndola, remando De luna y sombra al alternado amor, Misterios de placer confiar a ésta, Y a la luna, de paz y adoración. O entre las ígneas nubes del incendio Que raudas vienen y en contorno están, Brindar conforme por el regio huésped Que me viene esplendente a visitar. O en alta noche, en el soberbio Atlántico, A la luz del relámpago mirar Cual pálido gigante de la muerte Sorda encima venir la tempestad. O sobre el Cuerno de Oro, en kiosco plácido De fresquísimos árboles al son, Dar mi puñal a la fogosa griega, Que me mata de celos y de amor. O inerme y solo entre los patrios bosques Donde noche y perfumes siempre hay, Escuchar ese fúnebre rugido Con que en busca de presa el tigre va. O en torno de la hoguera del salvaje, Sobre pieles sangrientas por tapiz, Con sus horribles danzas celebrando De mi suplicio próximo el festín. O deslumbrado entre los hielos árticos, Bendiciendo la aurora boreal, Cual la imagen más bella del consuelo En la noche sin astros del pesar. O de Asfaltite a la quemada orilla, La Biblia en mano, el índice en la sien, Viendo la maldición omnipotente Paseándose siniestra sobre él.

Hoyo del Aire

O... en todas partes, como el viento En incansable agitación Volando en pos del pensamiento, Sin dejar nunca paz ni aliento A este mi huésped descontento, Impertinente corazón. Con todo el mundo por camino, Con el antojo por destino, Y éter excelso por maná, En transportado torbellino Siempre buscando un más allá. Necio es el hijo de la tierra: Bástale mísero existir O a su varado mal se aferra: El movimiento es lo que encierra El gran secreto de vivir. Parece, tal que los sentidos Llaves del alma siempre son Que cambian tono a sus sonidos; Pues tornan risas los gemidos Y una blasfemia en bendición. Con la inquietud y el movimiento Pierden al fin ellas el tiento Con tanto abrir, tanto cerrar, Y el alma en vago aturdimiento Vibra en sublime redoblar. Entonces vuela la existencia Y en su fantástica violencia Vértigo loco nos posee; De la desgracia no hay conciencia El ojo mira, mas no ve. Y en torno el mundo va pasando En pantomímico tropel Cual los que vemos delirando, Y rienda suelta al humor dando Ebrios tomamos parte en él. Entonces a hombres y mujeres Vida, tormentos y placeres, Grandezas, glorias y poderes, Los tratamos cual ellos son: Farsa, farsantes mercaderes, Juego de imbécil y bufón. Entonces vemos por cuan poco Nos afanamos tanto aquí, Donde el más bárbaro y más loco Es el más sabio, el que hace el coco A tanto niño maniquí. El que anda y grita cuando el resto Duermen o callen en redor, El que conserva firme el gesto Y al formal, tímido o modesto Explota en tanto a su sabor. Entonces ya, no habiendo engaños No hay desengaño que temer; Y vengan días, vengan años, De tiempo y mundo y sus amaños No hay que sufrir ni aborrecer. Y flota el alma independiente, Sin otra ley que su alta ley, Cual sobre el cauce va el torrente, Cual sobre el bosque, águila ingente, Cual sobre el mundo, el astro rey. Pero estas calmas de la vida Son imagen de las del mar, A volar todo nos convida Pero la brisa está dormida, Y esperar más es expirar.