Spanish poem
¡Pasajeros Del Cielo
by Rafael Pombo
¡Pasajeros del cielo. Alados trovadores, bienvenidos! Parad el canto, suspended el vuelo Por un instante sólo, y dad oídos Al bando que os anuncio esta mañana: ¡Fonda libre desde hoy en mi ventana, Fiesta de pajarilios, Ricos manjares y agua a todas horas! Acudid sin temor de artes traidoras O apedreadores pillos, Jaulas penitenciarias, Pérfida liga o balas sanguinarias. Venid uno por uno O en irrupción de innúmera bandada, Cada cual con su cónyugue y chiquillos, Pues habrá para todos, y a ninguno Ha de costarle nada. Un trino sólo En pago del selecto desayuno, Un trino de alborozo A cada artista exijo, O dad al anfitrión siquiera el gozo De ver vuestro inocente regocijo. Por mi parte os prometo Que mientra estéis en casa, estaré quieto. Pobres bardos del aire. ¡Cuántos días (Como en la tierra firme otros cantores) Al mundo entero sin retorno disteis O a crueles protectores Vuestras vivificantes melodías! ¿Qué bosque a nuestro paso no cambiasteis En vivo teatro de asombrosa escena Que al gorjear de rivales primadonas Magnífico resuena Y espárcese en diamantes y coronas? ¿Cuándo no amaneció mayo florido En son de alegre fiesta Con vuestras deliciosas alboradas, Justas de amores entre nido y nido? ¿Cuándo con esa caprichosa orquesta Tan vibrante y sutil de perlas y oro, Al irse el sol y recogerse el mundo No hicisteis de la augusta selva umbría Templo sin luces, do invisible coro Ya una voz, ya un suspiro al cielo envía Flotando sobre el órgano profundo? Y ¡oh humanidad ingrata y sin ternura! Ella en vuestra orfandad y horrenda muerte Inventó diversión: es gusto, es lujo Veros penando en rígida clausura; Y mientras más gemís, más se divierte. Ella hizo favorito Blanco a su dardo atroz vuestro plumaje, Único ajuar y galanura vuestra, Que adornará después a otra hermosura O hará más fiero el rostro del salvaje. Y ¡ay! ese canto mismo Con que os doléis de amor, o atestiguando Vais por el viento aquella dada a todos Delicia de vivir que el hombre olvida, Os trae la muerte, al cazador llamando. ¡Ah! con razón sobrada Espantados huis nuestra mirada. Mas yo tengo algo de cantor, me impulsa Espíritu de gremio en vuestro amparo Y cierto acatamiento misterioso, Como aquél del discípulo al maestro, Pues en verdad declaro Que prefiero a mi canto el canto vuestro, Canto que es puro amor, o pena, o gozo, Directo y verdadero, Libre de estas inútiles palabras, Y más antiguo y natural que Homero. Con esa orquesta, sí, con esa misma Clásica pastoral, que Dios compuso, De Eva y Adán las nupcias celebrasteis; A ese rumor lloraban su perdida Felicidad; con él se consolaban; Y hoy, como entonces, cariñoso arrulla El mismo epitalamio a los felices, O tristes novios descendientes suyos, Que algo que lamentar encuentran siempre Aun sin haber como ellos poseído Y perdido un edén... ¡Ay! no nos queda Más prenda original de aquel tesoro, No hay más noticia dél perfecta y pura, Que esa que en vuestro idioma de esos días Vosotros nos contáis; y en tan ingenuo Modo lo hacéis, tan tierna y dulcemente, Que al escucharla entre el frescor del alba Creemos de improviso Oír, respirar, gustar el paraíso. Bastantes años gratis el amore Gocé vuestro convite, Bebí ese néctar que al edén nos lleva Con su fragancia antigua y siempre nueva. Dejadme que aunque tarde hoy os invite A honrar este retorno de poeta, Corto en vajilla, nulo en etiqueta. No tímidos huyáis si en mi aposento Veis el mango asomar de hosca pistola, Pues sólo para el monstruo que os inmola Reservo yo tan bárbaro instrumento; Ni temáis que algún niño... ¡Ah! bien querría Que pudieseis temer tan dulce cosa Como hallarme de un hijo en compañía, Rico presente de una casta esposa; Pero ¡ay! si los tuviera, tanto, tanto Amáralos tal vez, que fuera dellos, Ni a vosotros a dar alcanzaría Una migaja de mi amor, ni un canto. ¡Venid! y pues no hay niños, sed mis niños Que alrededor de mí jueguen y enreden; Remedad los gritillos con que ufanos Ellos un día os remeden. Su inquietud, sus pinicos, su barullo; Y yo también, con labios y con manos, Ensayaré en vosotros los cariños Del paternal inofensivo arrullo. ¡Venid! no me haréis pobre aunque lo sea Para este mundo aparatero y loco Que sólo saborea La cáscara del fruto bendecido. Vosotros me enseñáis que con muy poco Uno es feliz, y que del pan perdido Sobra para alguien más y un dulce nido. Yo, pajarillo cual vosotros, hijo De aire y de luz, y por perversa estrella A tinieblas y polvo condenado, Al ensayar mi vuelo el primer día, Vine a caer inerte y desalado En extranjera jaula triste y fría. Mas hoy benigna encanta Mi desamor y estúpido aislamiento Como un rayo de sol la amistad santa; Ya miro el bosque, ya respiro el viento, Ya sueño que en sus alas me levanta Y a mi sol y a mi nido me devuelve; Con el suspiro férvido que exhalo Mi esperanza y vosotros llegáis juntos, Ambos venís del cielo, y de ambos debo A la amistad el íntimo regalo. Quiero a mi vez mostrarme con vosotros Hospitalario amigo, Quiero partir mi gratitud con otros. Dejadme ser lo que otros son conmigo.
Fonda libre desde hoy en mi ventana, Fiesta de pajarilios, Ricos manjares y agua a todas horas!
el amore