Spanish poem
¡Qué Espléndido Estaba El Día!
by Rafael Pombo
¡Qué espléndido estaba el día! ¡Qué amoroso el aire tibio! ¡Qué fresco el tapiz de grama Do, en humoradas de niño, Te extendías y rodabas Chachareando conmigo! Yo en tanto, inmóvil, absorto, Admirando en cada giro Una nueva perfección De tu incomparable hechizo, Aunque hablaba y sonreía Murmuraba entre mí mismo: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
Por lo inocente que eres Y generosa de instinto Como sabes cuánto lo amo De tu afecto participo. Pero ¡ay de mí! la amistad Que de tus ojos recibo En mi corazón penetra Como un tizón encendido; Y así nuestra dulce plática Era para mí un martirio En que detrás de mis labios Prorrumpía mi alma en gritos: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
Espléndido estaba el día, Amoroso el aire tibio, Y los dos solos y juntos Al centro de un paraíso; Y tú más bella que Eva, Y yo, más que Adán maldito, Pues tú misma eras el áspid Que en vez de brindarme alivio, Olvido al tenaz recuerdo, Al mortal destierro asilo, A murmurar me obligabas Evitando tus oídos: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
Soplaba el cielo en el huerto Pero el infierno en mi espíritu, Que era yo un Adán a un tiempo Acariciado y proscrito. ¡Ah! ni el suplicio de Tántalo Igualara ese suplicio De estar tan cerca y tan lejos De cuanto adoro y persigo! En hora fatal mi suerte Nos juntó en aquel recinto, Que ya no hay tregua en mi cáliz, Y a todas horas repito: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
Es la amistad para todos Numen piadoso y benigno. Para mí sólo un verdugo Que me escarnece a cariños. ¡Perversa, ingrata amistad Que impones tal sacrificio! ¡Negra mil veces la estrella Que caballero me hizo! El último miserable Hoy, en mi lugar, contigo, ¿Hubiérase conformado Con decir como yo he dicho?: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
Él para ti será un hombre, Yo para ti seré un niño Y, como a tal, no me juzgas De tu desconfianza digno. Tal vez en tu índole de ángel Entra el femenil capricho De complacerte inspirando Versos y ayes y suspiros. ¡Qué sé yo!... Pero si rompe La amistad sus crueles grillos Cuenta que otra vez mis labios No clamarán escondidos: ¡Qué desgraciado soy yo! ¡Qué venturoso es mi amigo!
¡Mas no, perdón! Ni una sombra Cruce tus ojos divinos De estas malicias que, ardiendo De amor y celos, cavilo. Con tal de que yo te vea, Y te escuchen mis oídos, Y aspire tu aire, y merezca Un rincón en tu cariño; Con tal de que me consientas En las ausencias de tu ídolo Cebar los ojos y el alma En la opulencia que envidio, ¡Ah!, ¡siga mísero yo, Cuanto feliz nuestro amigo!