Spanish poem
Tu Andar Se Volvió Lento
by Rafael Pombo
Tu andar se volvió lento, Tu frente cabizbaja; No sé por qué designio Hice otro tanto yo. Nuestro acompañamiento Se adelantó. Ya baja Tras la colina... El último Ya desapareció. Ya vieron y regresan De su excursión. ¡Dichosos! Aquí nada buscaron, Todo con ellos va. Pero almas que confiesan Vacíos dolorosos Aguardan un oráculo Doquier que un Dios está. Y éstos son templos, aras Do el hombre sacrifica Su pequeñez, al Sumo Y Omnipotente Ser; Fuentes do en ondas claras Se lava y purifica Del lodo del estúpido Y efímero placer; Llaves que al alma cierran Lo falso y pasajero Y le abren la infinita Y eterna realidad, Y el oro desencierran De celestial venero Que ahoga en los espíritus La fútil sociedad, Traemos más de un germen De algo solemne y grande Que vanamente lucha Por desatar su flor; Y esas semillas duermen Hasta que al hombre expande Una obra pura, un hálito Directo del Señor. En lo que el vulgo activo Luz, goces, artes, llama, Va del dechado excelso Huyendo más y más. Es éste el correctivo, Aguí se siente y se ama En otro siglo el prístino O el último quizás. Donde no reina el hombre, Do al fin desaparece La sombra de su bulto, El rastro de su pie; Do en soledad sin nombre Naturaleza ofrece Los no alterados símbolos Del que es y será y fue; De allí pavor sagrado; El aura de lo eterno Se aspira, y vida y muerte Se abrazan con amor; Alienta restaurado Como en su hogar paterno El corazón, y vístelo Su original candor. Y aunque tropel profano Por mercenario instinto, Copiando del insecto La regla y el compás, Aje con torpe mano El místico recinto, Y en su horma sibarítica Amolde a los demás. Hay almas refractarias Al artificio; hay ojos Que no lo ven, y oídos Que escuchan más allá; Y las originarias Fuerzas harán despojos Del poseedor sacrílego Que a un nuevo sol... no es ya. En todo lo sublime Cuelga un augusto velo Que atrae cual la puerta Del malogrado edén. Y el que anhelante gime Por su porción de cielo, Se siente aquí más próximo De su ignorado bien; Aquí se reconocen Las almas semejantes, Piedra de toque es ésta De los que enlaza Dios. Los otros se alborocen En el salón triunfantes, ¿El Sol, el Cielo, el Niágara No bastan para dos? Tiemblas y no es el trueno Del monstruo lo que vibra Ea ti, ni su aura el aura Que demudó tu faz. Yo tiemblo al par, mi seno Tocó fibra por fibra Un numen fuerte, altísimo Más que el turbión fugaz. ¿Su nombre? No lo digo, Descífralo en mis ojos, En la bondad del cielo, En quien te trajo aquí. En Dios nuestro testigo, Que aquí, a tus pies, de hinojos Me mira bendiciéndolo Al bendecirte a ti.
éstos
éste
Aguí