Spanish poem
El Rey Burgués
by Rubén Darío
¡Amigo! el cielo está opaco, el aire frío, el día triste. Un cuento alegre.., así como para distraer las hermosas y grises melancolías, helo aquí:
¡Japonerías! ¡Chinerías! por lujo y nada más.
Por lo demás, había el salón griego, lleno de mármoles: diosas, musas, ninfas y sátiros; el salón de los tiempos galantes, con cuadros del gran Watteau y de Chardin; dos, tres, cuatro, ¡cuántos salones!
—¿Qué es eso?—preguntó.
—Señor, es un poeta.
—Dejadle aquí.
Y el poeta:
—Señor, no he comido.
Y el rey:
—Habla y comerás.
Comenzó:
¡Oh, la poesía!
El rey interrumpió:
—Ya habéis oído. ¿Qué hacer?
Y un filósofo al uso:
—Si lo permitís, señor, puede ganarse la comida con una caja de música; podemos colocarle en el jardín, cerca de los cisnes, para cuando os paseéis.
—Sí—dijo el rey; y dirigiéndose al poeta:—Daréis vueltas a un manubrio: Cerraréis la boca. Haréis sonar una caja de música que toca valses, cuadrillas y galopas, como no prefiráis moriros de hambre. Pieza de música por pedazo de pan. Nada de jerigonzas, ni de ideales. Id.
Pero ¡cuánto calienta el alma una frase, un apretón de manos a tiempo! Hasta la vista.