Versos Spanish Vicente Antonio García de la Huerta Dulce, Canora Clío

Spanish poem

Dulce, Canora Clío

by (1734–1787)

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Dulce, canora Clío, robate un breve rato al sacro coro, dejándote traer del leve viento, y pulsa a ruego mío los trastes de cristal, las cuerdas de oro del celestial dulcísono instrumento; que, si proteges mi glorioso intento, lograrás que a la dulce melodía suspendan las esferas su voluble porfía, las aguas sus corrientes lisonjeras, y el sol su curso pare, mientras tu lira con mi voz sonare. Teatro suntuoso era un regio salón a circo grave de ingenios de Minerva laureados. Su recinto espacioso parece que archivó con rica llave los primores allí más delicados. De piedras y de lienzos animados, no cubrirse, formarse parecía la magnífica pieza; y como el arte había en ellos apurado su destreza, engañado el discurso los juzgó tal vez parte del concurso. El acto presidían bajo regios doseles elevados todas las Gracias sólo en dos matronas. En sus ojos lucían, y en su vestido virginal sembrados, los astros más brillantes de las zonas. Ostentaba una y otra seis coronas a concurso de espíritus alados, que con graves tareas a lienzos preparados piedra y metal trasladan mil ideas, y compiten activos del laurel los honores siempre vivos. Los mármoles molestos unos hendían, otros figuraban edificios que a líneas dividían; otros los indigestos colores con fatiga quebrantaban; templar el duro hierro otros porfían. Aquí el luciente cobre sacudían, haciéndole al buril más obediente; liquidaban metales allí con llama ardiente, y todos daban en su afán señales, que su ingenio fecundo formaba el embrión de un nuevo mundo. Sus obras ya ofrecían, del último primor acrisoladas, tímidos al examen riguroso. Unos se prometían las coronas al digno reservadas; otro desconfiaba temeroso. La expectación del circo numeroso severidad al acto acrecentaba; y al tiempo que ya Astrea el premio preparaba con que ilustrar la más feliz tarea, un extraño suceso el acto suspendió, pasmó el congreso. Las ajustadas puertas de fuerzas soberanas impelidas con súbito rumor y común susto parecieron abiertas; retrajo de las venas comprimidas el rojo humor el pecho más robusto. A todos ocupaba el terror justo cuando, sembrando luces celestiales, con luminosa huella ilustró los umbrales una deidad, cuya presencia bella, cual Febo el claro día, a los ánimos trajo la alegría. Torreada corona, como suele a Minerva atribuirse, su hermosa frente con honor ceñía. Ornaba su persona un ropaje, cuya obra distinguirse el celeste esplendor no permitía. En la siniestra por blasón regía, en vez de cetro, del metal precioso compás y escuadra, dando su ademán generoso muestras de majestad, y provocando con amable violencia su augusto aspecto a culto y reverencia. La noble Arquitectura, con real esplendor condecorada, de todos conocida fue al momento; y con civil dulzura, de las caras hermanas saludada, llegó a ocupar el superior asiento. Entonces, dando al aire el blando acento en delicadas voces y suaves, con notable energía, estas razones graves articuló, bañando la armonía la región leve y pura, y el ánimo, el deleite y la dulzura. «En vano los laureles en mi agravio destina vuestra mano a triunfos que a mí sola se han debido. Pues ni Fidias ni Apeles, ni cuantos por su ingenio soberano libertaron sus nombres del olvido, ni cuantos larga edad ha producido en los climas de Europa venturosos, disputarme pudieran sus blasones gloriosos; y cuando a empresa tanta se movieran, sería el vencimiento pena segura al ciego atrevimiento». Sacó entonces del seno, sobre el terso papel delineadas, dos fábricas de dórico artificio, en el blanco terreno con tan grande primor perficionadas, que el más severo dio de pasmo indicio. No encontró el más escrupuloso juicio sino la admiración en sus primores; primores que excedían los aplausos mayores que al numeroso circo merecían, cuyo asombro advirtiendo, así la diosa prosiguió diciendo: «A mí se deben sola coronas de mayor merecimiento y premios de más alta jerarquía; pues el hado acrisola su influjo grato a mi favor atento, colmándome de dichas y alegría. ¡Oh, memorable, venturoso día de mí con blanca piedra señalado y digno sacrificio! En mi pecho obligado templo tendrás, y con humilde oficio el ánimo devoto repetirá cada momento el voto. Pues noble empleo he sido, de maestra gozando privilegios y honores que llegó nadie a lograrlos, y estudio ennoblecido del desvelo de dos jóvenes regios, digna progenie del glorioso Carlos. Dos jóvenes excelsos, que al nombrarlos el orbe todo con razón se humilla y la dichosa España, doblando la rodilla, por cuanto el Betis, Ebro y Tajo baña en floridos vergeles rinde a sus pies olivas y laureles. Aquestos monumentos, con que hoy enriquecemos han querido sus ilustres tareas venturosas y sublimes talentos, con dignidad y con honor debido, logren veneraciones obsequiosas. Vosotras ¡oh! deidades generosas, y genios a la gloria consagrados, depositarios fieles de tan ricos dechados, alfombras prevenid, colgad doseles, y construid altares a vuestros nuevos dioses tutelares. Empresas que acreditan aun en la tierra edad maduros bríos, en breve el orbe llenarán de glorias, cuando ya supeditan tan ancho campo a los elogios míos, y tan fértil materia a las historias. Acumular victorias a victorias, a ser vendrá su más digno ejercicio, y adquirirse renombres del común beneficio, siendo, por eso eternizar sus nombres, blasón de los pinceles, gloria de los buriles y cinceles. Los ingenios sutiles, que los néctares liban de Helicona, y al Pindo huellan la cerviz sombría, en sus cultos pensiles a sus dos frentes tejerán corona; corona que a los siglos desafía. Darán feliz asunto a su armonía las conquistas de bárbaras naciones, seguidas e imitadas las paternas acciones, de la fama en el templo atesoradas, la paz establecida, y Astrea al suelo restituida. Las ciencias obsequiosas, fomentadas también por todas partes, publicarán sus timbres igualmente; y con muestras piadosas favorecidas las sutiles artes extenderán su fama al continente del nuestro más remoto y diferente. Pasmo será y envidia al extranjero la relación gloriosa del paternal esmero, con que las honren, y será famosa en cuanto Febo baña por tan heroicos príncipes España. Aunque a tantos primores con que hoy ilustran nuestro docto gremio, y en permanentes sellos reduplican nuestras glorias mayores, podremos prevenir en vano premio competente al honor que nos aplican. Pero ya las esferas les dedican en sus estancias plácidas y bellas premios más permanentes en coronas de estrellas, cuando, felices hechas ya las gentes de los dos hemisferios, trasladen a los astros sus imperios. Y en tanto, porque vea el orbe de su amor claras señales, a Carlos y Gabriel el premio debe la dichosa tarea, y el círculo de ramas inmortales, con que el sudor ilustre se promueve». Esto dijo, y lloviendo el viento leve guirnaldas, en un punto coronadas las vencedoras sienes quedaron, y embargadas del súbito placer y extraños bienes del cuerpo las acciones, y hecho el sentido un mar de admiraciones. La común algazara, los dos amados nombres repitiendo, al cielo con estrépito subía. La esfera pura y clara, a las voces del suelo respondiendo, el aplauso esforzó con su armonía. Y yo, que parte fui de la alegría, obedeciendo al superior mandato que me ilustra y apremia, perpetuar así trato el suceso feliz, docta Academia, si por ventura Clío no desdeñó el humilde ruego mío.