Versos Spanish Vicente Barrantes La cacería feudal

Spanish poem

La cacería feudal

by (1829–1898)

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Ya sale la comitiva ¡viva! de D. Guillén que va a caza: ¡plaza! Y villanos y monteros, pajes y palafreneros con su señor también van; sin que falte gerifalte, ni el beato fray Torcuato, capellán.

EL SEÑOR «Padre, empecemos con modo. »Todo »se debe a Dios: ¿no rezamos?

FRAY TORCUATO »Vamos. »-Señor, de los mundos eje, »rey de los bosques, protege »la caza de D. Guillén; »caballero »limosnero, »que tu ayuda, »¿quién lo duda? »paga bien.-»

«Él tiene en nuestra capilla »silla; »a tus monges da decoro, »y oro. »Cuando mueran sus vasallos »ricas mandas obligallos »a que te dejen sabrá. »Nieto y todo »de un rey godo, »es honrado, »buen casado...

EL SEÑOR »¡Basta ya!»

Y parte la comitiva: ¡viva! ya da principio la caza; ¡plaza! Los villanos y los perros inundan montes y cerros;- mientras con trémula voz, la galana castellana desde el puente dulcemente grita: -¡Adiós!-

Y D. Guillén lleva el pecho hecho añicos por volver pronto... ¡tonto! Y a gritos por la maleza desahoga su tristeza el pobre marido, así: «-¡Sus, villanos! »¡sus, alanos! »presta, presta »mi ballesta, »dadme aquí!

«Fray Torcuato, el benedícite, dícite: »que hay caza, y non sum modrego ego. »¡Mal haya tanta sotana »como en tierra castellana »por todas partes se ve! »A ese fardo »el tabardo, »al bonete »el almete, »trocaré.»

«¡Mi capellán tan devoto... »¡voto!... »¡mi capellán ese sayo... »¡rayo!... »Ea: seguidme al escape: »¡pobre del ciervo que atrape! »no le alcanza ni la unción. »Yo me entiendo, »reverendo. »Es locura »que la cura »un sermón.»

-Villanos y caballeros fieros al compás que la trahílla chilla, inundan el campo verde donde la vista se pierde... ¡qué barahúnda! ¡qué afán! Fieras rugen, armas crugen; y corceles y lebreles, juntos van.

Las herradas armaduras duras brillan como fatuo fuego luego; y la serpiente se estira, y se enrosca, y se retira, y desparece también. Solo el eco en son hueco trae el grito del bendito don Guillén.

»Tras los ciervos, como gamos »vamos; »que no quede, por San Bruno, »uno. »Mis arqueros, ¡preparaos! »compañeros, -¡alegraos! »esta noche gran festín. »Ciervo asado, »¡buen bocado! »y bebida »sin medida, »y sin fin.»

Un ciervo como una torre corre desde la llanura al cerro... «-¡Perro!... »¡Sus! ¡la mitad de mi estado »al que mate ese venado. »¡Sus! sigámosle en tropel. »Dos caballos, »mil vasallos, »seis doncellas »las más bellas, »doy por él.

»Sus cuernos para trofeo »deseo »aunque mi señora Nuña »me gruña. »¡Sus!» Y al escape volando van, y don Guillén gritando, en pos del ciervo infeliz, por llanuras, espesuras, arboledas, y veredas. de perdiz.

Da el señor tan inauditos gritos, que se lo creyera a poco loco. Sangre chorrea la espuela; el corcel no corre, vuela; ladrando los perros van y el venado fatigado salta y gime con sublime vano afán.

¡Ay! que nadie te socorre: ¡corre! Quiere en sus brazos la muerte verte. ¿Te ahoga cálido viento? Es el diabólico aliento del perro y de su señor. Ciervo mío, pasa el río; nada, avanza, que te alcanza el cazador.

No, por Dios, de entre las algas salgas, que te aguarda la ballesta presta. ¡Ay! rey de la verde zona, has perdido tu corona, tus pies de rayo también. A la orilla la trahílla te destroza. ¡cuánto goza don Guillén!

Ya vuelve la comitiva: ¡viva! ya el señor torna de caza: ¡plaza! Y villanos y monteros pajes y palafreneros haciéndole plaza van y espirante jadeante, el beato fray Torcuato, el capellán.

¡Gran presa es el ciervo muerto! cierto. Seis lustros su cornamenta cuenta. -Entre hachones resplandece doña Nuña, que aparece a la ventana ojival, y admirada la taimada con ambaje dice a un paje -«¡qué animal!»

Esta noche les das buena cena; te ahogarán en el divino vino; pero al fin, pobre venado, doña Nuña te ha vengado... ¡justo castigo de Dios! El rastrillo del castillo, ¡linda caza! de tu raza pasáis... dos...