Spanish poem
Historia de Cádiz
by Vicente Barrantes (1829–1898)
Cuando el vencedor de Anteo mares y tierras corría, de la humana fantasía traslado y símbolo fiel, En medio del Occeano detuvo su heroica planta, roca audaz que se levanta como arabesco dosel.
Maceta de gayas flores regada por las espumas; lecho de nieblas y brumas, donde los genios del mar, En las noches silenciosas vienen en conchas marinas en brazos de las ondinas muellemente a reposar.
Irguió el buen dios la cabeza de tantos lauros ceñida, y la vista complacida en torno suyo tendió. Un cielo de ondas y espumas sonriendo a la bonanza, y un edén en lontananza, con alborozo miró.
Guadalquivir, coronado como las ricas doncellas, de frutos y flores bellas se casa allí con el mar. Ciñendo la verde oliva, como vencido guerrero, de vencedor altanero las plantas viene a besar.
Sólo entre el Tigris y el Eúfrates, do Adán y Eva moraron, ojos nacidos hallaron paraíso como aquél. Hiere el dios la dura roca con su clava omnipotente, y mar, roca y tierra siente estremecidos por él.
Rocas, tierra y mar a un punto desgarrando sus entrañas con sacudidas estrañas, y fantástico vaivén, Abortaron mil visiones impalpables, indecisas, siervas ante el dios sumisas, y diosas ellas también.
En concha rutilante tirada por sirenas, apareció radiante la diosa del amor. Ondas, espumas, arenas, abriéndole van camino; y un genio marino las brisas serenas con himno divino de Venus puebla en loor.
Como la rosa guarda la perla de rocío, que allá en la noche parda el cefirillo frío en su lánguido cáliz vertió, al seno de alabastro estrecha Venus al ciego amor, astro que engendra luz de otro astro, luna que roba su luz al sol.
En carro guerrero, cual golpe de acero que en chispas ardientes abrasa la mar, el rostro bravío, ferrado atavío ostenta Mavorte de Venus a par. Las ondas agitadas huyeron asustadas al mirar en su espejo sombrío la lanza ponderosa, la espada valerosa, como olímpicos rayos fulgurar.
Más veloz que el pensamiento cruzando la fantasía, surge en la región vacía rara, espantosa visión. Un dios con alas: -sus ojos en el seno de la tierra ven los tesoros que encierra, y los arranca a traición.
Sus manos siempre crispadas como al contar del dinero, ostentan uñas de acero para guardarlo quizás. Si fuera un cristal su frente números viéranse y sumas, que hasta del mar las espumas compra y vende al que da más.
De los dioses mensajero, y hermano en poder y esencia él es dios de la elocuencia y del comercio también; y acaso su nombre invocan en impías oraciones bandoleros y ladrones que sin amparo se ven.
Cual faro que brota inmóvil entre tinieblas y olas, más inmóvil, cuando ellas más lo envuelven, más lo azotan, a su rugir, impávido, sereno ante su cólera, y con su espuma haciéndose magnífica corona, brotó el dios de las aguas en su imperial carroza. Blande el tridente, los brutos doma. y desde el medio del mar a Hércules escucha hablar. HÉRCULES Del Olimpo moradores, de mar y tierra señores, hijos de Júpiter caros; venid, que quiero mostraros la mansión de mis amores.
En menosprecio tendré los trabajos que emprendí, y los lauros que alcancé, si dejar no logro aquí larga memoria de mí.
Mi fama asombre a la gente, y pase la mar cerúlea, no por ser yo dios potente; por vivir eternamente en una ciudad hercúlea.
VENUS Yo en rosas la poblaré: yo hermosas a sus mujeres haré. Mi copia en ella quiero dejar, dádiva suma, gloria sin par. Que nazca de la espuma Cádiz la bella, corte del mar.
HÉRCULES No en valde la palma ganas a las diosas tus hermanas en hermosura y poder... Gaditanas, gaditanas, ¡oh qué hermosas vais a ser!
MARTE En la recóndita futura edad, su cuna tendrá y tálamo aquí la libertad.
En fuego bélico todo varón, siempre sentirá ardérsele su noble corazón.
Brazo fortísimo tendrá también, que humille de los déspotas la vil altiva sien.
Y acento mágico para gritar del Betis hasta el Pírene: ¡viva la libertad!
MERCURIO El oro, que es el poder: le he de traer. sobre las olas del mar a fuerza de navegar.
Yo haré que nazca un hombre que al mundo asombre, rompiendo del mar azul la flotante barrera de tul.
Y allí otro mundo nuevo, fecundo sus entrañas abrirá, y de perlas y de oro inagotable tesoro por tributo le dará.
HÉRCULES Con tanta hermosura, con tanta grandeza, con tanta bravura, con tanta riqueza... ya logro dejar aquí memoria digna de mí.
NEPTUNO ¡Ea! ¡sea!
Hiere la roca con su tridente, y cual sirena que de repente hombros y pechos saca al cantar, nace en la espuma, blanca y riente, Cádiz la bella, corte del mar.