Versos Spanish Vicente Barrantes El remo roto

Spanish poem

El remo roto

by (1829–1898)

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I De blanco vestida, de flores ceñida la sien virginal, va al templo Rosana, la linda aldeana: su madre detrás.

La tierna cordera su ofrenda primera le lleva al Señor. El pan rubicundo, el huevo fecundo, su fiel corazón.

Ofrenda sublime, que, culpas redime si en ella las hay. Por tierna y por pía Dios mismo la envía un beso de paz.

Simón, el barquero, arrimase artero do pasan las dos. «-¿Por qué no oyes misa?» con dulce sonrisa la niña esclamó.

«Dios todo lo abarca, »Y a salvo tu barca »al puerto traerá. »En él pon la idea »que viento y marea »propicios harás.»

Mirola el barquero rendido y artero, doblada la sien. Sonó la campana, y niña y anciana entraron sin él.

II Bramó la tormenta con furia violenta: silbó el huracán. El ola bravía rugiendo quería tragarse el altar.

Del templo la cúpula relámpago lívido ceñía en redor. Las cándidas jóvenes, los justos decrépitos invocan a Dios.

Simón solamente, serena la frente, risueña la faz, De gozo está henchido a cada bramido de la tempestad.

Penetra al sagrado con pie apresurado: Rosana está allí. ¡Profano! ¡maldito! le arrastra el delito. ¡Rosana infeliz!

Del cierzo las ráfagas confunden y llévanse un beso y un ¡ay! La lámpara trémula de luz melancólica se apaga a la par.

III Entre espuma deslumbrante baja y sube vacilante. ¿Es la pluma de ave osada, por el rayo derribada? ¿es la nube disipada por el viento? En el cárdeno elemento honda estela señalada, va dejando. -Vuela, vuela, vil barquilla, mientras corre por la orilla, la cuitada viejecilla separada de su amor. Parte, parte que a los cielos sus consuelos pide airada, y a matarte va su furia desatada. Parte, parte, novio artero, vil barquero, vil Simón. Como el lobo con la oveja, con tu robo deja, deja, estas tristes riberas, ladrón.

¿No la escuchas invocando los castigos del Eterno para ti? ¡y sonríes blasfemando con sonrisa del infierno, que trae veloz el huracán aquí!

Cuando tienes a tus plantas el averno, ¿no te espantas? Los vaivenes que te empujan, y te elevan, y te estrujan, y te llevan como en alas infernales a placer, ¿no te gritan: -«Nada vales; »no me igualas; »tus blasfemias »no me irritan »de tu empeño »yo me río; »soy el dueño; »eres mío. »Ven, esclavo, »que por oro, »ni por plata »se rescata; »ven, acata »mi poder. »Soy concento »misterioso »de un acento »poderoso: »si desatan mis iras el viento, »ese abismo te puede sorber.»

SIMÓN (en alta mar.) ¡Que brame la tempestad y se estrelle en mi cabeza! Al mar vence mi destreza, y al cielo mi voluntad. Del mundo y del cielo aquí es toda memoria vana: tengo en mi barco a Rosana, mundo y cielo para mí. Ante el altar del Señor desmayada te miré, ¡amor mío! y te robé para el altar de mi amor.

LA VOZ DE LA TORMENTA Simón, boga, boga, que el mejor marinero se ahoga.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA ¿Altar tu amor? más ínclitos altares al ímpetu cayeron de los mares.

LA ANCIANA (de rodillas en la playa.) ¡Permita Dios que te veas, marinero desleal, a la puerta de los cielos y no te dejen entrar!

LA CAMPANA DE LA ALDEA Vecinos, ¡acudid! ¡perseguid al ladrón....! dilín, dilón.

SIMÓN A rebato la campana toca, toca: viejecilla casquivana pobre loca, no te canses de tocar: ¿me robarás a Rosana cuando me protege el mar?

LA ANCIANA El día que te parí, bien te lo decía yo. ¡Qué desdichada has de ser, hija de mi corazón!

SIMÓN Boguemos, boguemos que vuelen los remos.

LA VOZ DEL MAR Simón, boga, boga, que el mejor marinero se ahoga.

SIMÓN Ya la tierra no se ve; entre Rosana y mi amor ya el obstáculo quité... Para adorarla mejor despacio la miraré.

El rostro descolorido... el corazón apagado bajo mi mano ha latido... ave, el nido te he robado, pero te daré otro nido.

Un nido sobre la espuma del mar, mecido en sus brazos ligero como una pluma, atado con dulces lazos a las alas de la bruma.

Un nido lleno de amor, de los cielos suspendido para delicia mayor, con que verás al Señor al reclinarte en tu nido.

¡Y qué lindas barcarolas oírte cantar espero al arrullo de las olas, mientras tu fiel marinero las va repitiendo a solas!

Aquí solo envidiaré al rubio sol que te ve, al aire que te acaricia, y al mar que lame tu pie con amorosa delicia.

Boguemos, boguemos, que vuelen los remos.

LA VOZ DE LA PLAYA ¡Ay del que se duerme en brazos del mar! ¡ay del que despierta en la eternidad!

SIMÓN Respira al fin, corazón, que tu triste condición se va a mudar desde ahora; ayer de Simón señora, hoy esclava de Simón.

Serán cadenas de flores Rosana, dulce embeleso, tu libertad nunca llores, que yo también vivo preso en la red de tus amores.

EL ÚLTIMO ECO DE LA PLAYA ¡Maldito! ¡maldito!

SIMÓN Me asusta ese grito.

LA CAMPANA Vecinos, acudid, perseguid al ladrón... dilín, dilón.

LA ÚLTIMA VOZ DEL MAR Simón, boga... boga... que el mejor marinero se ahoga.

SIMÓN Boguemos, boguemos, que vuelen... -¡Maldición!... Crugen los remos; brama iracundo el noto, montes alzando de rizada espuma, y entre la densa bruma un remo yace sobre el agua roto. El pobre marinero, rendida el alma a la mortal congoja del otro remo entero con el ayuda a navegar se arroja.

Y rema, y reina, y gira en fiero remolino, como la pobre mente que delira razón perdida y tino; como del plomo artero águila herida los espacios hiende, y ora el vuelo rastrero, ora hasta el solio del Señor lo tiende. Nube espiral del humo de la vida al cierzo destructor desvanecida.

En círculos de plata el barco aprisionado, si a veces los desata torna a girar con golpe redoblado. Y el remo roto que en el agua flota parece que murmura: -«Soy la cadena rota »de tu crimen, Simón, y tu ventura.»

SIMÓN (ahogándose.) ¡Ay! ¡maldición!

LA CAMPANA (a lo lejos.) Dilín, dilón.

Ondas, espumas, vientos, contra el pobre galán se conjuraron, y cual tigres hambrientos su barca y sus amores devoraron. Diz que del remolino rauda brillante estrella surgió, calmando el ímpetu del noto, y desde el remo roto al cielo por incógnito camino, con el alma voló de la doncella.