Spanish poem
El copo de nieve
by Vicente Barrantes (1829–1898)
Subiré a la montaña do entre la yerba, la nieve del invierno aún se conserva. Cojerla quiero, para acordarme en Mayo de que hay Enero.
Susurrando y lijera cual aura leve, cogió la niña el último copo de nieve. ¡Cosas de niña! antojos infantiles, ¿quién no la envidia?
Como en su virgen seno brilla su alma, brilla dentro del vaso la nieve blanca. Nadie dijera cuál es más blanca nieve, la nieve o ella.
Un galán caminante triste y cansado, reposa bajo un olmo del verde prado. Cuándo se cruzan, él la mira con ojos que la deslumbran.
-Buenos días, zagala. -Salud, mancebo. -¡Ay qué sed me devora! -Agua no llevo; pero en la aldea baila con mil amores, y pura y fresca.
-Si yo fuera contigo, di, ¿volvería? (La niña ya se pone coloradita, y mal su grado bajo el cendal descubre su limpio vaso).
-Como el fuego de amores la dicha fragua, del sol el fuego trueca la nieve en agua. Dame tu copa, que más que el sol de Junio arde mi boca.
Casi vertiendo lágrimas la niña cede y ve que se derrite su blanca nieve. ¡Ay de los ayes que en el pecho se ahogan del pobre ángel!
¡Qué turbio quedó el vaso, tan puro y limpio! subir a la montaña de nuevo quiso... Subieron juntos, y en la fuente lavaron el vaso turbio.
Pero ya de la niña no ven los ojos aquella blanca nieve de sus antojos; ni el vaso queda, aunque lo lava y lava como antes era.
Barrieron ya la cima cierzos de estío, el cristal empañado parece vidrio. La desdichada pasa días y noches lava que lava.
Y dice que la boca de aquel ingrato soló puede su brillo volverle al vaso... ¡Ay niña triste! es la esperanza nieve que se derrite.