Spanish poem
El page de lanza
by Vicente Barrantes (1829–1898)
I -¿Por qué te calzas espuelas? ¿porque alzan los centinelas el rastrillo? -Porque a lucir la alborada partir debo, Elvira amada, del castillo.
-Que Dios te sirva de ejida; pero me dejas sin vida, dueño amado. -Si tú no fueras villana hiciérale castellana de buen grado.
-Canta la alondra... te alejas: un hijo en cambio me dejas ¡corre! ¡corre! -Le hago merced de una villa, un caballo, una trabilla, y una torre.
-En mis entrañas le guardo: sólo amor para el bastardo de ti imploro. -Si tú no fueras villana hiciérate castellana, que te adoro.
-Partir déjame contigo. Velar quiero, dulce amigo, por tu vida. -Voy a fiestas y torneos. ¿No me ves estos arreos de partida?
-Seré tu paje de lanza: iré del paje a la usanza tras tu huella. -Mi escarcela toma, Elvira, y más por tu nombre mira de doncella.
-¿Qué es mi nombre? ¿qué es tu oro? ¿la ausencia del bien que adoro me repara? No abrigues tal fantasía, que ya el resplandor del día nos separa.
-Yo me cortaré el cabello: dirá una argolla en mi cuello ¡vasallaje! -¡Villana! ¡de enojo estallo! corre, pues, tras mi caballo sé mi paje.
II Así van por el camino, como raudo torbellino. ¡Pobre Elvira! Él, a caballo delante; ella a pie; ¡y el fiero amante ni la mira!
Espinoso es el sendero; mas salva el trotón ligero los abrojos; y con su lanza cargado el pobre paje cansado cae de hinojos.
-Ve más despacio, amor mío, que ya terminar no fío la jornada. (Y el ginete corre, corre; y nadie a Elvira socorre... ¡Desdichada!)
-Ya en mi seno ¡pobre niño! la flor de nuestro cariño se marchita. (Tiembla el doncel; y agitado el corazón, mal su grado le palpita.)
-¿Ves, Elvira, aquel castillo de viejo adarve amarillo y ancho foso? Cuanto ordenes, sin tardanza lo hará tu paje de lanza presuroso.
-Me espera desesperada allí una mujer amada: dale aviso. -Yo coronaré de flores el lecho de tus amores, si es preciso.
III Corre, corre por el prado el caballo desbocado como el viento, y la triste enamorada detrás va desalentada, sin aliento.
-¿Ves ese torrente, Elvira, que entre abismos salta y gira, rebramando? Doncel, si al débil protejes, a la orilla no me dejes suspirando.
-¡Que siendo tú mi pechera que te pase caballera loca trates! -Amor mío, el dulce seno llevo de tu sangre lleno no me mates.
Salta el trotón el abismo, y Elvira, que hace lo mismo, en él cae; duda el señor; corre a asilla; pero el amor a la orilla se la trae.
-Por ti he vencido a la muerte: por ti el amor me hizo fuerte, dueño caro. -Empuña, paje, mi lanza, que la noche nos alcanza sin amparo.
IV Prosiguen por la ribera su diabólica carrera los amantes; y para Elvira entre tanto siglos son de duelo y llanto los instantes.
-A la ciudad que allí vemos esta noche legaremos con ventura. -Que allí cumplida le espere, te ruega quien bien le quiere, virgen pura.
-Me espera justa y torneo, celebrando de himeneo los fulgores. -Si arde su antorcha en tu mano, dicha te den, castellano, los amores.
V Todo el palacio arde en fiestas de amor hablan las orquestas, y los ecos; mas ¿qué tienen esos sones que dejan los corazones como secos?
Ni logra la desposada una impaciente mirada de su amado, que a duras penas contiene la tristeza que le tiene dominado.
-¡Lindo paje del castillo traéis! ¿canta? yo he de oíllo: cosa cierta. -De mis tierras es pechero; mas ni canta, ni yo quiero que os divierta.
VI Del palacio en lo remoto óyese gran alboroto de criados; y estos gritos penetrantes dejan a los circunstantes demudados:
-«Al paje de D. García »lo hundió en mortal agonía, »mano aleve. »En sangre tinto su lecho, »clavel parece deshecho »sobre nieve.»
Y más lejos, apagado resuena un acento helado que prosigue: -Hijo nacido en mal hora, negra fortuna y traidora te persigue.
-¿Oís esa voz en calma? esa voz me llega al alma. ¡Pobre madre! -Tú que naces, alma pura, pídele a Dios la ventura de tu padre.
VII De suspiros y oraciones se oye al cruzar los salones son medroso. García cruza por ellos, erizados los cabellos, horroroso.
Huir acaso querría, y adentro, adentro le guía su conciencia, que allí una mártir muriendo está, y un ángel naciendo de inocencia.
-¿Quién de la villana Elvira compasivo atiende y mira los dolores? -Vive: unamos nuestras manos para el amor no hay villanos, ni señores.