Spanish poem
Escena 1
Salud, don Alvar!
Salud, don Alvar! Noble Capuleto, en este instante de dejar acabo á Tebaldo…
á Tebaldo… Tebaldo! Por él tengo el corazon, don Alvar, desgarrado.
Pues qué, vuestro hijo…
Pues qué, vuestro hijo… Es un hijo indigno á quien ciego no obstante yo idolatro: el honor de las bellas de Verona aleve mancha sin piedad é incauto, al pasarlo, risueño y descreido, por el tamiz impuro de sus labios; y mi nombre, don Alvar, ese nombre, de mis abuelos patrimonio santo, va en torpes bacanales y en orjías sembrando cada dia los pedazos. Mas… dejemos, si os place, tal asunto.
Y Julieta dó está?… siempre llorando?
Llorando? no, si alguna vez asoma á sus ojos purísimos el llanto, es que recuerda esos hermosos dias que con mi hermana en Génova ha pasado. Niña feliz, cual leve mariposa que recorre las flores de los prados, de festejo en festejo y baile en baile una vida pasó llena de encantos. Qué estraño, pues, que al verse ahora en Verona retirada en el fondo de un palacio, cuyas sonoras bóvedas repiten el eco frágil de sus leves pasos, ambicione volar á los placeres que dulces y risueños la arrullaron?
Concededme, señor, como os la pido, de esa niña feliz la ansiada mano, y en mansion de placeres y de fiestas trocado encontrareis este palacio. Yo haré que la tristeza y la amargura que hoy imprime en su frente sello amargo, en espansion de júbilo se trueque, amorosa meciendose en mis brazos.
Nadie, don Alvar, mas que vos es digno de uniros á mi Julia en sacro lazo, mas antes, el honor de mi buen nombre me obliga la verdad á relataros. Uniendo vuestra sangre con la mia correis peligro y eminente daño; sabedlo, el himeneo en todas partes el reposo conduce y al descanso, mas aquí dan por dote la venganza nuestras hermosas de rosados labios. Un rico Capuleto hace dos siglos… dos siglos, sí, dos siglos han pasado… su frente vió teñida con la infamia; robó a su esposa un seductor bastardo. Vos conoceis nuestros celosos usos, vos sabeis el honor cuanto le es caro al alma de los nobles Capuletos… Montecho lo aprendió…—Fué en vano, que su crímen y víctima ocultara en oscuro rincon de su palacio… con su muerte pagó su atroz delito: su muerte fué vengada sim embargo, y desde entonces en entrambas razas el odio ya se ha hecho hereditario. Verona entera nuestras tristes luchas con espanto y dolor ha contemplado, viendo regar mas de una vez sus calles
con la sangre del uno y otro bando; y Verona la rica y la opulenta con tristeza su frente ha doblegado ante el odio mortal que á los Montechos los buenos Capuletos profesamos. Ya veis, don Alvar, que el peligro es grande si os une á mi familia nudo santo, pues debéis como miembro de mi raza el odio compartir de nuestros bandos.
Merecer no creyera, Capuleto, tal ofensa de vos: yo los reclamo esos riesgos, señor, y esos peligros. Partid vos mi amistad; yo también parto el odio que circula en vuestras venas, Me parece, no obstante, que, olvidado, Montecho calla, y sus rencores guarda tranquilo el corazon, quieta la mano.
La calma es que al huracan precede, De las fiestas Romeo fatigado, á bordo de los buques genoveses busca combates y conquista lauros; la vejez á su padre altivo tiene mostrado en un rincón de su palacio; mas el dia que aquí vuelva Romeo, vereis precipitarse entrambos bandos, brujidores torrentes espumosos de la cima de un monte despeñados.
Alguien viene.
Alguien viene. Talerm sus pasos guia á este lugar.
á este lugar. Talerm el magistrado? Soy estrangero, y hace un mes apenas fue, proscrito, en Verona hallé un amparo, pero mas de cien veces á mi oído el nombre de Talerm ha resonado. Quién es ese Talerm tan poderoso? El amigo del príncipe? el humano rodeado de misterios y de sombras de todos en Verona respetado? De dónde viene? Adonde va?
De dónde viene? Adonde va? Se ignora. Un azote cruel hace tres años el luto y el dolor sembró en Verona; desoladora peste en sus estragos convirtió cada casa en una tumba y la ciudad en cementerio vasto. Talerm se presentó. De casa en casa, de la peste la cólera arrostrando, á todas un consuelo y un alivio con su presencia bienhechora trajo. De su arte á los secretos prodigiosos debió Verona su salud. El lauro mas victorioso engalanó su frente. Sin patria y sin hogar, abandonado, patria y hogar nosotros le ofrecimos, y virtuoso y honrado ciudadano y majistrado leal, hoy por nosotros su nombre es el primero del estado.
De los Montechos que es amigo dicen.
Tratando de aplicar seguro bálsamo á las dolencias que marchita el alma, Talerm no es mas que médico, y en vano se busca en él á amigo ó enemigo; siempre el que sufre lo encontró á su lado á dispensarle pronto, cariñoso, amigo ú enemigo sus cuidados.