Versos Spanish Vital Aza Despedida

Spanish poem

Despedida

by (1851–1912)

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LA DESPEDIDA

«María, amada mía, mi afán, mi dicha, mi ilusión, mi encanto, su triste adiós el corazón te envía y en copioso raudal corre mi llanto. Cuando en tu pueblo estuve el otro día, inocente, ignoraba lo que al volver a casa me esperaba. A mi papá se le ocurrió la idea de que aquí, en esta aldea, sólo puedo llegar a ser un tonto, y me ha dado de pronto la tremenda noticia que labra, de seguro, mi desgracia: ¡que me marche a Santiago de Galicia a seguir la carrera de Farmacia!... Ya me tiene dispuesto el equipaje. ¡Adiós, amada mía, hasta el verano! El próximo domingo emprendo el viaje en el exprés, que sale muy temprano. Tres días hace ya que no te veo; quisiera ir a tu lado y repetirte que tuyo soy y en tus amores creo; pero ya que no logre mi deseo, no me quiero marchar sin escribirte. Cuando el domingo, al despuntar la aurora, escuches el silbido penetrante de la locomotora, levántate al instante, sube a la alta azotea y desde allí contémplame amorosa, que aunque yo no te vea tan cerca como anhelo, me servirá de alivio, niña hermosa, que me digas adiós con el pañuelo.»

De este modo escribía el afligido Juan a su María, sin comprender, el pobrecillo, que ella de este amor, como de otros, se reía (pues conviene que sepan mis lectores que a la bella en cuestión –porque es muy bella– como cifra su encanto y su delicia en tener diez o doce adoradores, no le importó un comino la noticia, ni juzgó, como Juan, una desgracia el marcharse a Santiago de Galicia a seguir la carrera de Farmacia.) –«¿Uno menos? –se dijo–. ¡Bien! ¡Corriente! No tardaré en hallarle sustituto. La cosa no es para vestir de luto... ¿Que madrugue el domingo?... Francamente, iba a decir: ¡qué bruto! Pero es mejor que diga: ¡qué inocente!»

Llegó, por fin, el día, y al brotar la primera pálida y triste luz de la mañana, el tren exprés en su veloz carrera cruzaba frente al pueblo de María; y Juan, en la ventana de su departamento, sufriendo en su agonía de la ausencia el tormento, fijo siempre en su idea miró a la alta azotea donde ella de seguro le esperaba; y vio con alegría que un lienzo se agitaba como diciendo adiós al que partía...

«¡Es ella, sí» ¡Su amor es puro y firme! ¡Es ella, que ha salido a despedirme! ¡Gracias, gracias, bien mío! ¡Adiós..., adiós!... ¡Mi corazón te envío!

Por la extensa pradera siguió el exprés en su veloz carrera, y en su vagón, rendido por el sueño, quedose Juan dormido como un leño…

¡Pobre Juan! En su loca fantasía creyó ver a María que le daba de amor claras señales, ¡y era el ama de cría que estaba sacudiendo los pañales!