Spanish poem
Cuando En La Tierra Extranjera
by Adolfo Berro
Paz de Dios siempre a tu seno Y a tus jardines un lirio, Y si amas un hombre lleno De esperanza y de delirio.
Cuando en la tierra extranjera Donde a morar te dispones Con voz fatal la campana Anuncie al suelo las doce, Y las virtudes y el vicio En las calladas mansiones Gocen del blando descanso Que trae consigo la noche, Suelta tus rubias madejas Que por el cuello, sin orden, Al resbalar blandamente Al seno cándido toquen, Entre las palmas ebúrneas La mustia frente repose, Y pensamientos de virgen Por ella crucen veloces. Abre este album, mujer bella, Ábrele, rápida, entonces, Que de misterios y amor Llenas palabras esconde. Y a la luz trémula y roja De alguna lámpara inmoble, Busca en sus hojas, perdido, Como en el mundo, mi nombre. Búscalo, sí; y al hallarle Lágrimas tiernas lo mojen Que arrancarán a tus ojos Recuerdos ¡ay! matadores. Recuerdos, no del poeta Cuya existencia corroe Algún oculto veneno Que Dios en su seno pone; Sino de tu patria bella, Ciudad de las negras torres Que con cintura de espumas La sien adornan de flores. De ese su cielo apacible De sus festivas canciones, Y de ese monte atalaya Que lamen ondas veloces. ¡Cuántos amargos ensueños, Cuántas ingratas visiones Sobre tu frente sus alas Plegarán raudas entonces! Latirá el seno agitado, Se apagarán los colores De tus mejillas; los labios No darán paso a las voces. Y como fuente que llena Salva los marcados bordes Y arranca al paso la flor Que octubre en los campos pone, Por los pesares hinchados Tal vez tus ojos arrojen Así de llanto, torrentes Que borren pronto mi nombre. Mas no: do quiera que mire Nacer la hermosa sus soles, Un ángel vela a su lado Para calmar sus dolores; Y la esperanza le vuelve, Cuando se aduerme en la noche, Besando el nítido seno A que piadoso se acoje. Virgen de rubias madejas, Guarde el Señor tus amores Y haga que en tierras extrañas Tu vida en dichas rebose.