Spanish poem
A Dios
Mi triste rostro riego de ardiente lloro en incesable río: perdona a un flaco y ciego; pequé: pecar es mío, y es tuyo perdonar, Dios blando y pío. Que siempre te has preciado más que de ser inmenso, omnipotente autor de lo creado, de perdonar clemente al que a tu seno torna y se arrepiente. No hay madre que así al niño único y débil que a sus pechos cría con tan tierno cariño mime, regale, engría, a él sólo consagrada noche y día: Y llena de desvelo, en el nido cubriendo con süave ala al dulce polluelo, tan solícita el ave, tan tierna y amorosa ser no sabe; como tú al hombre, cuando deja sus vicios y sus obras malas, dulce, amoroso, blando, le acoges, le regalas, y cubres con la sombra de tus alas. Ve, Señor, cuánto peno, y que es el vicio mi mayor desgracia: sácame de este cieno; sienta yo de tu gracia la poderosa súbita eficacia. A salvarse no basta el débil, flaco, miserable humano, a sí dejado; y hasta que tú me des la mano, siento todo mi esfuerzo salir vano. Tan fácil a la muerte corro, y de tu ley santa me desvío, que, para no ofenderte, a mi libre albedrío quisiera renunciar, Salvador mío. ¡Cuántas veces propuso mi arrepentido corazón la enmienda! Mas la fuerza del uso, más que de error la venda, presto me obliga a que otra vez te ofenda. Tú, refulgente faro, la sombra ahuyenta de mi noche densa, y haz que la que hoy declaro sea la última ofensa que haga, Señor, a tu bondad inmensa.