Spanish poem
Diálogo Entre La Amable Isidora Y Un Poeta Del Siglo Pasado
by Andrés Bello
POETA —Aquel tributo que mi pobre ingenio ha ofrecido, Isidora, consagrarte... ISIDORA —Me lo has hecho aguardar todo un trienio, y pudiera mandarte que fueras con tu música a otra parte; pero con una condición lo admito: que tenga de lo nuevo y lo bonito. POETA —¿De lo bonito y de lo nuevo sólo? A tus influjos me encomiendo, Apolo, para salir de tan terrible aprieto: inspírame un soneto, que el fino gusto de Isidora apruebe. ISIDORA —¿Sonetos en el siglo diez y nueve? POETA —Un romancito, pues, en asonante... ISIDORA —Es cosa de poeta principiante, que el oído desgarra, y merece cantarse con guitarra. POETA —Pero si no sé más, querida mía. ¿Cómo de tan estéril fantasía creaciones hermosas podrán salir? No da el espino rosas. ISIDORA —Todo cuanto me digas es en vano. En estas hojas, con tu propia mano, algo que a los lectores interese, algo que de ponerse digno sea, después de estas dos emes y esta ese, has de escribir; lo exijo. POETA —¡Fuerte empeño! Mas aguarda; una idea me ocurre de improviso. Fingiré que adormido en blando sueño se presenta a mi vista un paraíso, donde... ISIDORA —Toma la pluma, pues, y al caso. POETA (escribiendo y declamando) —«Sobre la verde falda del erguido Parnaso, guiaba yo mi vacilante paso, tejiéndote, Isidora, una guirnalda, cuando de ninfas majestuoso coro, sueltos sobre la espalda alabastrina, los cabellos de oro coronados de flores, con ropas que robaron sus colores a la primera luz de la mañana, con cítaras de etérea melodía, que arroba en dulce rapto el alma humana...» ISIDORA —Jesús! ¡Qué altisonante algarabía! Amigo mío, en lengua castellana, ésa se llama entrada de pavana. ¿No ves que tus poéticos primores son estrujadas flores de que cualquiera nene en este siglo innovador se mofa? Apostaré que en la siguiente estrofa vas a beber las aguas de Hipocrene. Guía, por Dios, tu vacilante paso lo más lejos que puedas del Parnaso. POETA —Eso yo lo sabré, sin que lo mandes. Mas, si te place, hagamos una cosa. Dame un asunto tú, no de los grandes que pidan alto ingenio, estilo fuerte, inspiración fogosa, sino sencillo, fácil, en que acierte, no a idealizar angélica armonía (eso a tu voz divina sólo es dado), no a contentar tu gusto delicado, a que dan cuatro idiomas alimento (¿cupiera en mí tan alto pensamiento?), sino a probar lo que conmigo vales; pues dócil a tu imperio soberano, tomo otra vez con atrevida mano la lira, que en las ramas funerales de sauces lloradores, monumento de una temprana tumba, colgué un día . Juré que nunca más la tocaría; quebrantaré por ti mi juramento. En suma, sólo pido que tú me des el tema. ISIDORA —Concedido. POETA —¿Cuál es? ISIDORA —Amor. POETA —¡Jesús! ISIDORA —¿Qué es lo que temes? ¿Pido yo por ventura que en las aras del ciego dios, profano incienso quemes? ¿Pido que a lo Petrarca o lo Macías le entones quejumbrosas elegías? Comprendo bien que ajeno lo estimaras de ti y de mí; mas dime, ¿qué tendría la propuesta materia de impropia ni de ingrata para la cosquillosa fantasía de la más zahareña mojigata que allí vertida viese alguna seria máxima de moral filosofía? POETA —¿Conque un sermón en verso? ¡Linda cosa por cierto para el álbum de una hermosa! ISIDORA —Sai che lá corre il mondo, ove piú versi di sue dolcezze il lusinghier Parnaso e che'l vero condito in molli versi i piú schivi, allettando, ha persüaso. POETA —¡Basta! Me rindo al Tasso; me rindo a ti. Permite solamente que hurtada inspiración mi verso aliente. (El poeta traduciendo del italiano)
emes ese
(escribiendo y declamando)
(El poeta traduciendo del italiano)