Versos Spanish Ángel de Estrada Los espejos

Spanish poem

Los espejos

by (1872–1923)

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En las penumbras misteriosas, viven Meditabundos, con la faz nublada; Al reflejar las cosas, las conciben Con tristezas de ensueño en la mirada,

Y acentuado el silencio,, por rumores Fugitivos y leves acaricia, Sus adormidos lánguidos fulgores Con muelle y blanda singular delicia.

Cuando la luna soñadora lanza Sus besos blancos, y á filtrarse empieza Por los cristales, si á un espejo alcanza, Florece su fantástica belleza.

Hace él con nieve de la luz, espuma, Y espuma desterrada de su astro; Lágrimas llora de impalpable bruma Prisionera en contornos de alabastro,

Ved cual retrata la celeste esfera Vivo espejo de lago rutilante, Y ved al mundo del dolor, quimera Que se evapora en su cristal sonante

Con que gloriosa lumbre llena el seno De las profundas aguas lo infinito, Bajo la curva del zafir sereno En paz inmensa, sin la voz de un grito;

Y entre los dos espacios, suspendida, Su Ensueño mece con hechizo el alma, Como una nube de algodón dormida En un ambiente de sublime calma!

Entre exótícas hojas de esmeralda Brillan al son de la febril orquesta, Y tejen sus reflejos, la guirnalda De la alegría en la galante fiesta.

Si se miran las lunas nigromantes, De una imagen, imágenes difunden, Ligándolas así como vibrantes Arpas, sonidos acordados funden.

Y flotantes, aéreas, repetidas En sus nimbos quiméricos las cosas, Encienden al morir desvanecidas El ansia de las huellas luminosas.

Así lejos de labios convulsivos, Entre los tules de espumoso rastro, La blonda mata de sus oros vivos Contemplé destellante como un astro.

¡Y hacía padecer! ¡Oh caravana Del Ensueño inmortal! por el espejo Vedte á la luz de sensación lejana En el encanto del gentil reflejo.

⁂

Los arabescos en los campos de oro, Porcelanas, bugias, resplandores, Las leves formas del cristal sonoro Desplegando sas risas de colores;

Pensamientos de vírgenes del cielo Corporizados en fragantes rosas, Lienzos que cantan el febril anhelo De las almas, con tintas prodigiosas;

Todo lo hechizan, todo se hermosea En la frente dormila del semblante, Como si el soplo que estremece y crea Los abrasara en lumbre palpitante.

Ah! Si sentís la plenitud del cielo, Con los ojos cargardos de tristeza, Y lo que vive, con el vivo anhelo De hallar el alma de su ideal belleza;

Y toda sensación, como sonido Huye en alas de leve movimiento, Y os deja, con recuerdos sin sentido, Angustias al estéril pensamiento:

Al mirar como rozan un espejo Los engarces de luces y colores, Y contornos y lineas, sin un dejo Estelar del tumulto de primores;

Crecerá vuestra pena palpitante Sobre su nimbo luminoso y yerto, En que armoniza con lu luz vibrante El frío extraño de la piel de un muerto.

En el hogar que reflejara un dia Opulento y feliz, leyó en aurora, Sin sol de regocijo, la elegía De los adioses que entre cirios llora.

Mujeres, danzas, y la danza aguella Encantadora de los trajes, nunca Volvió á mirar en los salones, bella; ¡Hiedra envolvía la columna trunca!

Desde entonces parece que refleja La pensativa luna de la casa, Una sombra, que es símbolo de queja En el recuerdo del dolor que abrasa

Al mustio corazón del que la mira, Y al evocar el rostro, la cabeza Que ya no puede reflejar, suspira, Cubriendo su cristal con su tristeza.

Severas las ferales colgaduras Tapizan el salón; sin un ruido, Está el aire entre viejas envolturas En el silencio sepulcral dormido.

Un billete de letra amarillenta Nostálgico de un tiempo de fulgores, Galante intriga de aventuras cuenta Al polvo tenue de olvidadas flores.

Se piensa que si se abrén los armarios Esparciránse en voluptuosos giros, Sacudiendo sus gláciles sudarios. Madrigales, perfumes y suspiros.

Y numen elegiaco de la sala, Sobro fondo sombrío en un testero, Sutil tristeza misteriosa exala El retrato de noble caballero.

Entre dibujos de espejuelos blancos Redonda luna de Venecia, crece; Platineas sierpes corren por sus flancos, Y en el hastío esteril, envejece.

Cual arpa muda que el pesar concibe Está el reloj ornamental, erguido; Meditando en que el tiempo ya no, vive En el vaivén del péndulo mecido.

Parece que el espejo reverbera Con la quietud de los tapices mudos, El solemne silencio de su esfera Coronada por ángeles desnudos:

Y por sobre él, sobre la luna, vivos, Con inquietante lucidez que asombra, Reflejan pensamientos aflictivos. Los ojos del retrato de la sombra!

⁂

Al ultimo viviente que sus bellos Rulos dorados reflejó de niño, Fijaba taciturno en sus destellos Tocado ya por el fatal armiño.

Y un dia ante su imagen reflejada Vertió el viejo dos lágrimas ansiosas; Quizá al ver del espejo en la mirada El adiós pensativo de las cosas.

Vinieron otros, pero ya evocados No vieron en su luna antiguos dias, Ni extinguidos semblantes adorados Con recuerdos de penas y alegrías.

Y es su asilo el desván: de las cornisas Cuelga en girones polvoroa malla; Húmedo alicato de las acres brisas Corrompe el oro de su dura talla.

Y al mirarse un instante en sus reflejos En pleno amor de juventud sonriente, Con el tinte amarillo de los viejos De la caricia de su luz; se siente:

La rara angustia con que el alba roza Del cuerpo insomne las nocturnas huellas, Cuando Psiqué tras de la fiesta hermosa Ve apagarse las pálidas estrellas.