Spanish poem
Polémica de los doctores Gómez y Ramírez
by Antonio Lussich (1848–1928)
JULIÁN Nuca dará sigún veo, me encontré en Montevideo cuanti menos lo creía.
Voy a contarle la historia dende el día disgraciao que nos hemos separao y es de tan triste memoria.
BALIENTE Don Julián, ha de saber que con gusto lo escuchamos porque a usté lo respetamos como a hombre de valer.
JULIÁN Dentrando yo a San José me apié a tomar la mañana en casa de un Maturana que siempre mi amigo jue. Hasta el café me dentré Ande estaban en riunión, liendo una gran rilasión de un dotor que anda emigrao, con otro que se había alsao metiendosé a compadrón.
Gómez, y Ramírez, creo, son los letraos referidos, de igual pelage en partido y güeyes del mesmo arreo. se trensaron de lo feo, a leídos, en contrapunto, pero ninguno dijunto en la pelea cayó; por eso colijo yo que era embroya tal asunto.
Uno al otro le decía: «Yo siempre espatriao estube y a veces tan pobre andube que ni pa pitar tenía; pero mi honor me decía sostenéte con valor, con firmeza y con ardor pa combatir la malicia, y serás de la justicia el más firme proteutor.
«Por eso que al caudiyaje nunca quise dar cuartel, y a mi pluma y mi papel nunca le ha faltao coraje. No he perdonao al gauchaje hasta hundirlo en la redota. Con el ray, cabayo y sota, la banca siempre paré, y a mil manates pisé con el talón de mi bota».
Y el otro le retrucaba: »usté que al gaucho maldice, tenga cuidao y no pise al que enantes lebantaba, cuando de menistro andaba retosando entre esta gente; por Dios su cabeza asiente no enriede el merengenal, sepa ser güen Oriental aunque de ganas reviente.
»Usté era blanco primero y dispués conservador, Malicéo que el amor jue causa de ese entrevero; y al golpiarse con su apero hasta el Chile tan mentao, es que vido mal parao aquella vez el asunto, y el miedo de ser dijento tal vez lo haiga aconsejao.
»Y cuando andubo con Flores pa ayudarlo en el gobierno, nunca craíba que el infierno, le caería con sus rigores; quince días los favores del Menisterio gozó: luego el gorro se apretó con sus dos Lais a los tientos, y a causa del tal ebento pa Güenos Aires templó.
»Dotor don Gómez y amigo no le niego su gran censia, mas sufra y tenga pasencia que yerra el más alvertido. Siendo su yunta no sigo, pues ya no me tiene cuenta, por eso no se risienta ni me vaya a corcobiar: cuando no hay que aprovechar se va al sol que más calienta.
»Yo tan apretao me he visto que al enemigo me fi, ese jueguito seguí porque nunca he sido Cristo. Soy pa tuito peine y listo, y espero con mi esperencia montarme a la presidencia, que es mi solita ambición... Y aunque es quiebra el redomón lo domaré con pasencia.
»Y entonces le pediré que me ayude a tironiar, pues naides me ha de amolar estando a mi lao usté; y lo primero que haré, será entregarle las riendas del Menisterio de Hacienda pa que sólo lo maneje, y en güen estao me lo deje sin que su honor se le ofienda.»
El emigrao se empacó y muy retobao se puso, lo trató al otro de luso y mil nombres que le dio. Por cierto no permitió de que el tirón le ganase, y en la armada lo llevase como si juera carnero, para que ansí el mundo entero de su sensia se burlase.
Le dijo que de falsía se encontraba el mundo yeno; que nada quedaba güeno y era todo alevosía. Que vivir, él prefería en suelo estraño arrastrao, por no verse acoyarao con tan pícaro partido, que siempre esplotao ha sido por traidores y mamaos.
Pero que tiempo sobraba si quería arrepentirse, porque él antes de morirse tenerlo a su lao desiaba, y en calzando, le ofertaba el bocao más dulce y tierno que haber pueda en el Gobierno para que ansina callara, y tan fiero no lo ajara con su lengua del infierno.
Yo columbraba aparcero dentro de tantos tapujos que querían esos brujos manejar el candelero; y por eso al sol los cueros sacaban al Santo cuete, pues peliaban con machetes desafilaos y sin punta...
BALIENTE Si era compinche esa yunta, son toros del mesmo brete.
GIMÉNEZ Por fin los dos personages trensaron tanto el asunto que Gómez le cantó el punto tratandolo e tripoatage. Que una tropa de salvajes eran todos al barrer, y que habían lograo hacer de esta patria tan amada un candombe de negrada que ni Dios podía entender.
BALIENTE Tal vez prosiaban mamaos por que al pesar de sus leyes, ellos beben como güeyes, sigún me han asigurao.
JULIÁN Nada de estraño hay en eso que también monten peludos, pues pa la caña... sin ñudos son como lauchas pa el queso.
Y en medio del beberaje tan fiero se han sacudido que lo que han lograo ha sido amaestrar su ruin pelaje.
El candombe y tripoatage les salió de la mamada, y esas cabezas peladas lo que ni han pensao han dicho, y a veces les da el capricho por prosiar sin decir nada.
CENTURIÓN Pero usté no se ha fijao que se tiraban de lejos.
BALIENTE Más a mi favor, canejo, pues ninguno se ha chumbiao.
JULIÁN ¡Ah tinterillos sotretas todo se les va en plumiar, y al último pa peliar son como carne e paleta!
Si topo alguno ladiao será tan sólo mi gusto el darle un machaso susto pa verlo desesperao.
Y si es de agayas lo saco y lo estaqueo en el sol, pa verlo con la calor hacer cara de macaco.
BALIENTE Si quedrían remostrar, que eran de letra menuda y que sólo con su ayuda se podía gobernar; que sabían manejar al gaucho como al pueblero, y con su pluma y tintero darían al mal un corte, que juera el mejor resorte pa arreglar este pandero.
JULIÁN Son prosas y lenguaras estos plumarios de hoy día.
BALIENTE Si es pura chafalonía de algún brillo y nada más.
Retozan, gritan, se enojan se trensan de un modo fiero, pero en tales entreveros nunca con sangre se mojan.
Fíese y deje correr que son güenos los dotores, pedigüeños de favores cuando tienen menester; dispués no se dejan ver ni con un rial pa los vicios, Ni se acuerdan del servicio que les ha prestao con gusto. Y del modo más injusto nos achacan el desquicio.
JULIÁN Los paisanos pa ellos semos sólo güenos pa istrumentos. Siempre nos vienen con cuentos si quieren que te ayudemos, y para que no corcobiemos nos han de hacer mil promesas, pero yo no caigo en esas que demasiao los conozco. Y aunque soy paisano tosco no harán de mi nalga presa.
Siguiendo pues mi rilato verán del modo que he andao por cuasi yo me he encontrao con lorma de mi zapato.
Me salí de San José con rumbo a Montevideo, y era en Biernes sigún creo, cuando hasta la Unión yegué, ay no más desensillé, largué el flete en el corral.
De un tal ño Miguel Moral de mi antigua conocencia, güen paisano y de esperencia del partido Nacional.