Versos Spanish Eusebio Blasco Por la mañana

Spanish poem

Por la mañana

by (1844–1903)

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Muchas veces me sucede que cuando despunta el alba yo también despunto, y salto al suelo desde mi cama.

Una vez ya fuera de ella abro al punto mi ventana, la luz del sol prefiriendo a la de mi vela ó lámpara.

Vístome de cualquier modo —que a mí no me importa nada si vá bien puesto el gabán ó si está bien la corbata — y, apoyando los dos brazos al marco de mi ventana, fumo tranquilo un cigarro, me coloco bien las gafas y en esta bella postura miro la gente que pasa. ¡Ojalá que tal no hiciera! ¡Ojalá tal no mirara! porque veo tantas cosas originales y raras, que hay para llenar diez tomos de más de quinientas páginas.

Te diré algunas, lector, que tú no te imaginarás, pues estas cosas que digo, no son cosas, son... cosazas.

Ya veo venir a misa á la simpática Clara, modista de in illo tempore y en día capitana.

Pero ¡calle! no vá a misa: llega al portal de una casa y hace señas a este lado... ¡Bueno! volvamos la cara.

Vuélvola y veo venir á un mozo de buena estampa... ¡Toma! ¡pues si es Restituto, practicante de farmacia!

Llega el mozo muy ufano; la moza la mano alarga y en santa conversación mano a mano el rato pasan, ¡y mientras, el capitán tranquilo duerme en su cama! ¡y mientras, allá en la iglesia toca a misa la campana!

Pero ¿quién es aquél ente que hacia aquí marcial avanza, llevando al brazo una cesta y en una mano el paraguas?

¡Ah! es el señor don Felipe propietario de Tafalla, que se vá él a hacer la compra porque no tiene criada y cuando habla con cualquiera, dice dándose importancia: —«Cinco criados tenemos de ambos sexos en mi casa. »

Mas... allá viene un sargento que, ó la vista a mí me engaña ó viene llamando a voces á la doncella Mariana.

Esta, que ya lo ha observado desde el balcón —donde estaba dando zurra a unos vestidos, — se pone muy encarnada, pero al mismo tiempo dice: —Sube, que duermen en casa. Y el militar al momento las escaleras asalta.

En esto viene una tía mugrienta y mal arreglada; se le acerca un señorito que se cubre con la capa, y dándola dos pesetas recibe en cambio una carta. Se vá la vieja, y el joven se marcha batiendo palmas.

Abre su tienda silbando un comerciante en quincalla, y no bien ha concluido de hacerlo, que ya una dama entra pidiendo carmín, polvos de dientes y Opiata: y esa que ahora está ojerosa y vieja, y horrible y... pálida, la veremos esta tarde totalmente transformada.

Por allí viene un hortera persiguiendo a una muchacha; por allá pasa un cesante que habrá dormido en la plaza; por aquí veo a un mocito con un levisac de alpaca, porque no tiene gabán, y dice con cierta gracia: —Dá gusto salir a cuerpo, que está hermosa la mañana.

Acá vienen dos fregonas murmurando de sus amas, y diciendo de sus amos cosas... que parecen fábulas.

Abrense puertas y tiendas, pasa un escuadrón de cabras metiendo con sus cencerros más ruido que una batalla.

La buñolera cjue grita, mis vecinitas que cantan, el aguador que reniega, los perros que a un tiempo ladran, los carteros que, rompiendo las puertas, en todas llaman, la diligencia que sale, el farolero que apaga, los de la limpieza pública, que a todo títere manchan, los estudiantes que alegres van a la primera cátedra, todo, en fin, forma un gran cuadro que me marea y me agrada.

¡Cuántas cosas que se ignoran vi yo desde mi ventana!

Y mientras los que han dormido entumecidos levantan. ... ¡y mientras allá en la iglesia, toca a misa la campana!...