Versos Spanish Eusebio Blasco Lágrimas de huérfana

Spanish poem

Lágrimas de huérfana

by (1844–1903)

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Bello es mirar la cumbre de aquel dorado monte, que allá, en el horizonte, a confundirse va. Bello es ver la techumbre azul del firmamento y en blando movimiento huir las nubes ya.

En la noche callada, pacífica y serena, oir de la sirena el canto embriagador, y ver en la alborada el sol, que bello asoma, y en elevada loma cantar el ruiseñor.

Las flores al murmullo de algún manso arroyuelo, cual saludando al cielo sus cáliz van a abrir. Y al amoroso arrullo de fuente cristalina, su tallo el lirio inclina queriéndose dormir.

Gozoso, tras la rama, el jilguerillo canta, su cántico levanta -al Dios que le crió. Solícita le llama su tierna compañera desde una enredadera dó el nido fabricó.

Todo respira vida y encantos y ventura, preséntase natura en todo su esplendor. Todo a gozar convida y, en cuadro tal, nos muestra su competente diestra del orbe el Hacedor.

Junto a un seco y viejo robler entre sauces escondido, yacen en un triste olvido, una losa y una cruz. Y el Sol que alumbra a la tierra con sus rayos esplendente, uno envía solamente para que dé allí su luz.

Un arroyo que ha corrido largo tiempo por el lado dó el sepulcro retirado puede verse en tal lugar, cual queriendo abandonarle, hoy su corriente varía, murmurando sin cesar.

Ni las aves que cantaban en tal sitio dan hoy trinos, ni en la tarde los vecinos pastores paran aquí; ni la fuente que cercana está vierte sus raudales: ¡aves, fuentes y zagales todos se apartan de allí!

Sólo, al finar el estío, una joven, asaz bella, llega a este sitio, y con ella un niño de corta edad. Y los dos, arrodillados, vierte lágrimas la hermosa... ¡y el niño, sobre la losa, no ve ella su horfandad!

Bajo el mármol dó se sienta yace una madre querida, que murió al darle la vida sin llegar a conocer. Y él, inocente de todo, teniéndole tan cercana, mira el llanto de su hermana sin llegarlo a comprender.

¡Pobres huérfanos! Yo admiro de la joven la hermosura; yo comprendo su amargura y sus lágrimas también. Y envidio al niño inocente que no comprende su estado ó ignora que es desgraciado pues le falta el mayor bien.

Llora, pobre joven, Hora, eso prueba que eres buena: llora, que grande es la pena que tu corazón sufrió. Y tú, niño, plegue al cielo que a la triste edad no llegues en que inconsolable ruegues por la que por ti murió.