Spanish poem
A María
by Estanislao del Campo (1834–1880)
«Con el sudor de tu rostro comerás el pan.»
GENESIS: CAP. III, VERS. 19.
El alma de tu madre cariñosa, De sus carnales lazos desprendida, Se elevó á la rejion desconocida En que mora el Eterno. Bañadas tus mejillas por el llanto, Faz á faz con el mundo te encontraste, Tú, que siempre al calor te cobijaste Del regazo materno.
La faz torva del mundo no te aterra: La virtud hace al corazon valiente, Y tú tienes la fuerza suficiente Que las virtudes dan. En tu horfandad y tu pobreza dices:— —¡Mientras la mano de mi Dios me asista, Yo ganaré la tela que me vista, Yo ganaré mi pan!
¡Oh! bendice á ese Dios, pobre María, Que dirije tu noble pensamiento: El es quien tan honrado sentimiento Pone en tu corazon, Desde el sólio de nubes en que sienta Ese Dios mismo su eternal grandeza, Hará, niña, que baje á tu cabeza. Su gracia y bendicion.
¿De qué sirve esa inquieta mariposa Que al sol ostenta sus variadas galas Y que el polvo dorado de sus alas Coqueta hace brillar? Sé tú en el mundo, mi querida amiga, No esa inútil, pintada mariposa, Sinó la abeja noble y laboriosa Que sabe trabajar.
La palabra de Dios es el trabajo, Y cuando empleó su voluntad sagrada En levantar los mundos de la nada, El trabajó tambien. De ese Dios el trabajo es un decreto Que en esta frase bíblica se encierra:— —Cultivarás con tu sudor la tierra; Adan, deja el Eden.
Tambien soy pobre y al trabajo pido EI pedazo de pan de cada dia; Y en medio del trabajo alzo, María, Alegre mi cancion. Trabaja tú tambien:—deja, mi amiga, A la borrasca mundanal que ruja, Y al compás de esa máquina y su aguja, Cante tu corazon.