Versos Spanish Ramón de Campoamor La flor del valle

Spanish poem

La flor del valle

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Flor columpiada entre abrojos, Que en tan apacible calma Trocando estás mis enojos, tanto me encantas el alma cuanto suspendes mis ojos.

Y no para mi tormento quieras divertir mi intento que asaz divertido está; deja á un triste que en el viento sembrando ilusiones va.

Y aunque acia tí me encamina tu purpurino arrebol, déjame, flor peregrina, que trasponga esa colina antes que ese monte el sol.

Porque en mi amante locura comparándote á mi bien, al lado de tu hermosura me hallara la noche oscura, y el claro dia también.

Huyendo voy del amor y de sus templadas iras;

si voy ó no con dolor, ¡bien claro lo miras, flor, si es que á los ojos me miras!

¡Cuál en un pecho afligido la ya adormecida holganza despierta un valle florido, y mas cuando está vestido del color de la esperanza!

¡Qué dulce si canta un ave con tierno y sentido afán! ¡si forma el aura suave sonidos que nadie sabe si cruzan, vienen ó van!

¡Y cómo el alma enajena el agua murmuradora, cuando, al tumbarse serena, roba las conchas sonora rodando sobre la arena!

¡Qué regaladas dulzuras la queja, en el alma deja, de aquellas tórtolas puras, pues se dicen mil ternuras para decirse una queja!

Y los sentidos atentos á tan deliciosos sones, ¡oh! ¡cómo escuchan contentos

las acordadas canciones de los acordados vientos!

¡Bien hayas, pintada flor, gloria del pintado abril, de tan delicado olor, que estiende el aura sutil con tus olores, tu honor!

Los rayos del sol te doran; por tí las aves suspiran; los céfiros te enamoran; y los viajeros te admiran, si las serranas te adoran.

Te prestan són los ambientes, el plácido abril sus galas, ruido las mansas corrientes, oro las rubias zagalas, plata las serenas fuentes.

Te arrulla el árbol sombrío, el alba aljófarte llora, te da la noche rocío, perlas y espumas el rio, luz y diamantes la aurora.

Y al valle tu olor prestando, con muelle calma estás viendo cruzar por el aire blando,

ya las tórtolas gimiendo, ya las alondras cantando.

Y en dulce tropel hirviente livianos los ecos luchan, fatigando el manso ambiente, por repetir dulcemente lo que dulcemente escuchan.

Y los sentidos atentos á tan deliciosos sones, ¡oh! cómo escuchan contentos las acordadas canciones de los acordados vientos!

—Al ver tanto bien, mi estrella me acuerda los que gocé en el regazo de aquella que loco por bella amé, y me despreció por bella.

No es la luz de la mañana cuando del valle lozana las plácidas flores pisa, tan hechicera y galana como su dulce sonrisa.

Tanto se hace de temer el oro de sus cabellos, que menos es menester

que el que ellos se dejen ver, por ser esclavo de ellos.

Y mas el alma enajena que el agua murmuradora, porque es su voz seductora como las auras serena, como las fuentes sonora.

Tiene, si el alba blancura, nieve su pecho gentil, como las palmas frescura, cristales su frente pura, coral su boca y marfil.

Es de las serranas diosa, dulce afán de los pastores, tierna amiga de la rosa, hermana del alba hermosa, reina de las bellas flores.

¡Triste! y con turbado intento, de todas mis dichas hoy me alejo, y de mi contento!... Por eso, flor, en el viento sembrando ilusiones voy.

—Adios; y no estrañes, flor, que mis amores te cuente, porque no hay placer mayor

como el placer que se siente contando cuitas de amor.

En prueba de mi ternura, para aliviar mis dolores, toma esta lágrima pura, á ver si una vez natura me da por lágrimas flores.

Mas si nacieran así, fuera, segun la abundancia con que salieron de mí, todo un pensil la distancia que media desde ella á tí.

Y así su són los ambientes te den, y el abril sus galas, ruido las mansas corrientes, oro las rubias zagalas, plata las serenas fuentes.

Y al valle tu olor prestando, con muelle calma estés viendo cruzar por el aire blando, ya las tórtolas gimiendo, ya las alondras cantando.

—Y adios; que turbio ilumina el vespertino arrebol; déjame, flor peregrina, que trasponga esa colina, antes que ese monte el sol.