Versos Spanish Carolina Coronado La Clavellina

Spanish poem

La Clavellina

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Entre el musgo de mi huerto germina una hermosa planta coronada de flor tanta que su tronco no se ve; muestra el capullo entreabierto ya su primer florecilla y la octava maravilla son cáliz, hojas y pie. Venid, hermosas doncellas, vosotras que amáis las flores, si los vivos resplandores no os deslumbran de esa flor; venid a mirar cuán bellas brillan sus hojas carmines, en la suavidad jazmines, ambares en el olor. La flor del verde granado, la roja nocturna estrella son mas pálidas que ellas en matiz y en claridad; porque el estío abrasado de fuego su cerco pinta; fuego es su cáliz, su tinta, su espíritu y su beldad. ¡Mirad, mirad, si parece que el tallo que la sustenta con sangre pura alimenta ese rojizo botón! ¡Si cuando el viento la mece y su ardiente seno agita, parece que le palpita en el centro un corazón! Escuchad -si acaso ciertas fueran las transmigraciones que antiguos sabios varones creyeron en cada ser; esa beldad de las huertas con sus hojas palpitantes, ¿no juzgáis que debió antes ser una amante mujer? ¡Del griego pueblo locuras son las que nos han contado!; tal vez el ser de un malvado se trasmita a un alacrán; pero las ánimas puras de las amantes mujeres no transmigran a otros seres, que rectas al cielo van. Hija de un átomo seco de una planta mortecina, siempre, siempre clavellina ha sido esta flor carmín; cayó aquel grano entre el hueco de una china y dos terrones; llovieron los nubarrones y germinó en el jardín. Pero mirad ¡oh cuán bella! ¡Si cuando el viento la agita parece que le palpita en el centro un corazón! ¿Y quién sabe, quién si ella tiene también sentimiento? ¿Quién sabe, quién, si es el viento el galán de su pasión? No turbemos sus amores; dejémosla libremente ante el dulcísimo ambiente sus rojas galas lucir; dejémosla que las llores tienen también sentimiento, pero no tienen acento y padecen sin gemir. Reluciente clavellina, gargantilla del estío, no ornaré el cabello mío con tu aromoso coral, si a vanidad femenina consagrada tu belleza ha de ajarte mi cabeza la frescura matinal. Vive libre, libre crece sobre el tallo que alimenta la vena que te sustenta ese precioso botón, en cuyo centro se mece un corazón que no veo; pero que de cierto creo que ha de ser un corazón. Y las brisas te festejen, y mimen las mariposas las mejillas temblorosas de tu rostro de carmín; y las hormigas se alejen de tus contornos suaves, y te saluden las aves por la reina del jardín.