Spanish poem
Nadie Se Muere De Amor!
¡Nadie se muere de amor! ¡Cómo habías de vivir si amando, pobre mujer, tenemos que combatir, y el luchar nunca es vencer, el luchar siempre es morir! Cuando entre galas y flores amor te daba la palma, le dije a tus amadores: «No le habléis tanto de amores que tiene sensible el alma». Pero el mundo descreído respondió con su sonrisa: «Deja que halaguen su oído, que ya por el bien querido nadie se muere, poetisa». Volví más tarde a decir: —Mirad que perdió el color y no cesa de gemir». Mas él tornó a repetir, —Nadie se muere de amor. —Puede ser que el mundo ignore cuanto su dolor la hiere... —Deja, poetisa, que llore, por mucho que al hombre adore, ninguna mujer se muere. Yo volví más consolada y estabas en la agonía. —¡Se muere! clamé aterrada; pero el mundo respondía: —Es muerte de enamorada. Ya tu pecho palpitante al impulso del dolor, lanzó un grito penetrante, y el mundo dijo: —¡Es amante! ¡Nadie se muere de amor! Yo vi tu mirada incierta clavarse al fin aterida, y dije al mundo: —¡Está muerta! y respondió: —Está dormida; ¡ya verás cómo despierta! Ya oye el mundo la campana que anuncia con su clamor de una belleza lozana ¡la muerte horrible y temprana que le ha alcanzado su amor! Ya envuelta en el blanco velo la ve al sepulcro marchar y la acompaña en el duelo, y aun aguarda con recelo que pueda resucitar. Y al sepultar a la bella no sabiendo en su rencor qué decir el mundo de ella, dice: La mató su estrella... Nadie se muere de amor.