Spanish poem
No Le Lloréis, Amigos, Ese Canto
No le lloréis, amigos, ese canto, himno de gloria al sueño de la muerte, era la inspiración del alma fuerte de aquel varón tan apacible y santo; ya fatigado de enseñaros tanto, y ya sintiendo su entusiasmo inerte, quiso muriendo de su yerto labio la postrera lección daros el sabio. Todas las ciencias del saber tenía menos la de la muerte el docto anciano, y quiso penetrar en ese arcano por completar su gran sabiduría; ya el misterio sabrá de la agonía, el fin conocerá del ser humano, y si a la gloria remontó su vuelo, ya habrá medido la extensión del ciclo. Y ya del sol el punto culminante, y del planeta dócil a su mando sabrá cómo en sus órbitas girando van por el cielo en rotación constante; y ya desde Poniente hasta Levante en la extendida tierra meditando, «¿Cómo, dirá, mientras duró mi sueño pude estudiar en mundo tan pequeño?» El eje aquel del globo entre los hielos que su mente en las noches fatigaba, ya de cierto sabrá cómo se clava para que ruede firme por los cielos; y ya se habrán calmado sus desvelos cuando su vista perseguir sin traba pueda en la inmensidad, y por la cumbre del sol llegar hasta su misma lumbre... Ya sabrá si la aurora enrojecida que a visitar su tumba anoche vino, de otra desgracia al mundo prevenida es el augurio cierto del destino; y si es no más la ráfaga lucida que deja el rayo del mirar divino, cuando entre sombras, nubes y misterio traspasa alguna vez nuestro hemisferio. Y sabrá por qué vienen los cometas al ignorante mundo a dar espanto, y si en el cielo por celeste encanto desterrados están de otros planetas, o si del orbe son grandes profetas que se aparecen entre sangre y llanto por cima de las míseras ciudades sólo para anunciar calamidades. Y sabrá do se forma la corriente que por las noches en el cielo vago parécenos de fuego extenso lago o de luceros río transparente; y de la luz la primitiva fuente, la del diluvio, de espantoso estrago y el origen, la historia y la fortuna ¡¡de la estrella polar hasta la luna!! ¡Ah! ¡si pudiera el inmortal maestro discípulos queridos y mimados, tantos nuevos problemas aclarados desde su mundo transmitir al nuestro! ¡Ah! ¡si la nueva ciencia, el nuevo estro y los nuevos misterios de los hados, ocultos al saber de la criatura, pudiera revelar desde su altura! Atentos en el valle los oídos a sus doctas palabras, siempre amigas, como al viento flexibles las espigas, doblarais vuestras frentes conmovidos; y él, mostrando los frutos escondidos que arrancaron del arte sus fatigas, nutriera vuestros jóvenes talentos de sabrosos y dulces pensamientos. Yo nunca le escuché; nunca la sombra de mi ignorancia disipó su ciencia; ¡nunca yo, solitaria en mi existencia hallé a ese sabio que la fama nombra! Mientras os daba en la campestre alfombra sus lecciones sonoras de cadencia, yo, sola por mi valle, no escuchaba más que a la pobre alondra que trinaba. Yo nunca le escuché, nunca mi mente esclareció su antorcha luminosa... mas recibí la bendición piadosa que por última vez dio a nuestra frente. El templo de los hijos del Oriente, donde el cadáver de Colón reposa, fue el templo en que nos dio su despedida dejando nuestra frente bendecida. Luego en la cuna del glorioso Herrera dicen que reposar quiso el anciano blando arrullo le presta esa ribera para adormirlo en el florido llano; ¡no le lloréis, amigos! ¡yo quisiera tan tranquila dormir! ¡tener cercano así mi lecho del hermoso río que arrullara también el sueño mío! Yo quisiera también cerrar mis ojos, cerrar mis ojos a la tierra oscura, abrirlos a la luz del cielo pura, al sol brillante, a los luceros rojos; cerrarlos de la vida a los enojos, abrirlos de la gloria a la ventura, ¡dormir cuando nos dicen que vivimos, despertar cuando dicen que morimos! Yo no derramo lágrimas piadosas por el que asciende a la feliz morada, que allí quisiera verme regalada por su ambiente purísimo de rosas; las lágrirnas que vierto dolorosas son ¡ay! porque me quedo desterrada a sufrir cual vosotros el castigo de padecer aquí sin nuestro amigo.