Spanish poem
Que Teniendo, Cesarina
¡Que teniendo, Cesarina, en tu hermosísimo rostro ojos tan claros y bellos me mires con malos ojos! ¡Que siendo risueño y blando tu semblante para todos, doncella, para mí sólo haya de ser duro y hosco!... —¿Celos de mí? ¡Virgen Santa! ¿Pues qué amador hay tan loco que dude que con tu busto competir no puede otro? Bajo melena dorada, sobre cuello delicioso, con su cutis de azucena, con su matiz de pimpollo ¿cómo hallar teme rivales entre mujeres tu rostro si juzgo que entre los ángeles no los hallará tampoco? ¿No es por mi faz?... ¿por mi lira? ¡Oh demencia! ¿Te da enojos un pedazo de madera con unos bordones toscos donde canto unos romances que desoye el mundo todo, porque una mitad no atiende y la otra mitad es sordo? ¡Cómo el amor enajena! ¡Cómo los celos son topos cuando ignoras que esa lira vale entre los hombres poco! Siquiera fuese mi canto dulce, apacible, sonoro; siquiera tierno y vibrante alzara sublime tono, entre escuchar sus conciertos y mirar tus lindos ojos no vacilara, alma mía, el galancete más docto. Brillante luz es el genio mas si no tiene un contorno lucido el fanal que encierra ese vivo meteoro, Cesarina, de sus rayos teme las heridas poco que aman los hombres al genio... si el genio tiene tu rostro.