Spanish poem
Qué Voz, Pobre Mariano
¿Qué voz, pobre Mariano, de mofa, de sarcasmo de amargura, al que le ofrezco humano recuerdo de ternura, darás riendo en tu morada oscura? Si la mujer que llora fue blanco del rigor de tu garganta, ¿qué pensarás ahora de la mujer que canta ¡ay! ¿qué dijeras de la nueva planta? Al ver a la poetisa tú contemplaras su cabeza atento, y entre cruel sonrisa prorrumpiera tu acento: «Aquí yacen el juicio y el talento». Porque estás muerto canto: vivo, Mariano, de tu pluma el vuelo diérame tal espanto, que no osara del suelo mi lira levantarse de recelo. ¿Qué digo? En este instante juzgo escuchar desde el profundo hueco tu voz agria y punzante, que aun en tu labio seco para rasgar las almas tiene un eco. «—Mujer ¿a qué has venido? Al romántico yugo sujetada. ¿Ensayas tu gemido en mi tumba olvidada por ser luego del mundo celebrada? »El nombre de Mariano ¿es que presta sonoro consonante a tu numen profano, o vienes insultante a escarnecer aun mi sombra errante?» —¡Ateo desgraciado! ¡Víbora de las bellas ilusiones! ¡Genio desesperado! ¡Que al mundo no perdones ni aun las que eleva a ti santas canciones! Vengo piadosa y triste no a escarnecer tu nombre, respetado aun luego que moriste vengo, escritor amado, el libro a agradecer que nos has dado. Si fue como tu vida horrible tu morir, de Dios es cuenta, tu historia dolorida dos páginas presenta, una que el mundo aplauda, otra que sienta. Lástima para el hombre, corona para el genio esclarecido, yo al invocar tu nombre al criminal olvido para cantar al escritor querido. Mira si el mundo es bueno, que en tu risueña pluma a las criaturas nos da hiel y veneno, y nuestras bocas puras gracias te dan por tales amarguras. La risa convulsiva en que a tu hablar rompemos, nos quebranta, ¡oh guadaña festiva! y en pago a pena tanta mira si el mundo es bueno, que aún te canta. Pero de nuevo suena a interrumpir mi voz tu voz burlona. «Engañosa sirena, guárdate esa corona que ofrece el mundo necio a mi persona. »Sírvate de prendido, que más le cuadra a tu cabeza lisa que a mi cráneo partido, coronas que mi risa excitan como tú, ¡¡vana poetisa!!» —¡Oh! basta, adiós, poeta, pues desdeñas mi ofrenda de armonía; hasta en la tumba quieta tu genio desconfía, ¡hielas la pobre flor de mi poesía! ¡Que en los ángeles crea quien duda así de los humanos seres; que del cielo te sea la gloria que tuvieres mas grata que del mundo los placeres!