Versos Spanish Gabriel García Tassara A Dante

Spanish poem

A Dante

by (1817–1875)

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Sagrado Homero de la antigua Europa Que apuraste en tu ardor hasta las heces De la suprema inspiración la copa;

Dante inmortal que con los siglos creces Y al rudo son de tu salvaje canto A las generaciones estremeces;

Tú, que en las alas de tu genio santo El Cielo recorriste y el Infierno, Mansiones de la luz y del espanto;

¿Por qué la voz del hombre es ese interno Lamento de dolor, hondo, infinito, Inenarrable, inacabable, eterno?

¿Por qué la voz del genio es ese grito Que resuena del mundo en la memoria Como el ¡ay! de Luzbel al ser maldito?

Canta Moises, y la tremenda historia Canta del Cielo y del Eden vedado, y al hombre despojado de su gloria.

Canta de los Profetas el sagrado Coro, y sus misteriosas armonías La historia son del primordial pecado.

Llora con llanto eterno Jeremías, David vé á Dios ceñudo é iracundo, Tiembla Jerusalen ante Isaías.

Y Job, envuelto el rostro en polvo inmundo, Á decir su dolor no encuentra nombres, Y lanza un ¡ay! que aun estremece al mundo.

Canta Homero, profeta de los hombres. Si los otros de Dios, el que esa lira Te dio, ¡gran Dante! con que al mundo asombres.

Canta, y canta de Ilion la inmensa pira, Y del Aquivo el funeral trofeo, Y de los Dioses la tremenda ira.

Canta Esquilo, y nos canta á Prometeo, La roca insuperable del destino, Y el eterno buitre del deseo.

Prosigue el hombre su fatal camino, Y cuando el mundo con su peso oprime El Capitolio del poder latino,

Canta Virgilio, y si su voz sublime Canta de nuevos siglos nueva aurora, Roma asombrada con su canto gime.

Mas ¡ay! ya viene el que en los Cielos mora, El que el Oriente y Occidente espera, El que la triste humanidad implora.

¿Dolor?... ¿Siempre dolor? En su carrera El Hombre-Dios exhalará un gemido Que oirán todos los vivos cuando él muera;

Y será tu Evangelio prometido La historia ¡oh Dios! de la miseria humana, Escrita con la sangre de tu Ungido;

Y en visión iracunda y soberana Verá San Juan ante sus turbios ojos, Del cáos humano y de la muerte hermana,

En la hora de los últimos despojos La Bestia Apocalíptica triunfante Del mundo apacentarse en los despojos.

Sucumbe Roma, la nación gigante, Y corre desde el mudo Capitolio Al Gólgota inmortal la Europa infante.

Cesa el canto oriental y el ritmo eölio. No hay Moises, no hay Homero. Dante sube De la suprema inteligencia al sólio.

Su canto oid. Arrebolada nube De robusta y magnífica armonía Le circunda la sien como á un querube.

Acaso ya tras la hecatombe impía El hombre va á escuchar por vez primera Un himno de esperanza y de alegría.

Ya alza los ojos á la ardiente esfera, Ya resuena en su voz y en su alma late La voz y el alma de la Europa entera.

Ya va á cantar el inspirado vate, Ya retiembla la lira entre sus manos... ¡Lasciate ogni speranza, voi ch'entrate!

¡Oh de la vida y de la muerte arcanos! ¡Oh terrífico adios á la esperanza! ¡Oh sentencia fatal de los humanos!

¡Oh venganza de Dios! ¡Oh gran venganza Cuyo eterno cuchillo de diamante Ninguna mano á desclavar alcanza!

Tu Infierno es este mundo, ¡oh padre Dante! Encima del dintel de nuestra vida La tremenda inscripción ya está delante.

El mal hizo en la tierra su guarida, El bien no es más que idealidad suprema, Entre oscuros crepúsculos perdida.

Víctima de un recóndito anatema, Huérfana de su Dios abandonada Como las sombras de tu gran Poema;

De caminar y caminar cansada, Un círculo de círculos corriendo Como esos que corrió tu planta osada;

El eterno Cocito circuyendo Por ver si un soplo de aquilon divino Mueve la onda letal del lago horrendo;

Preguntando á la sombra su destino Sin más luz que la sombra que le espera Como al principio al fin de su camino;

La humanidad ¡oh Dante! desespera, La humanidad, la humanidad y el hombre. Que el hombre es ¡ay! la humanidad entera.

Edipo no halla de su enigma el nombre, Por los infiernos de su infierno gira, y no hay visión allí que no le asombre.

Por eso ¡oh Dios! la humanidad suspira, Y el genio, que es su voz, cuando la canta Ayes arranca á su funesta lira.

Por eso hasta esa Musa sacrosanta Del bien supremo donde está el arcano Que en sus alas divinas se levanta.

Esa Musa de acento soberano. La excelsa y refulgente Teología, También es Musa del dolor humano.

¡Oh vírgen celestial de la Poesía! También ella es dolor... Mira á la ciencia, La ántes pura y genial Filosofía,

Mírala revolcarse en su impotencia; Carnal matrona de infecundo seno, Jamas pudo engendrar una crëencia.

De ella está el mundo con sus siglos lleno; Lo sabe todo, pero al hombre ignora, y á remediar su mal le da veneno;

Y cuando suena la tremenda hora De esas tormentas cuya voz retumba Sobre esta Europa que en tinieblas llora,

Cual vil sepulturera, abrir la tumba Del pueblo que murió dado le es sólo Y llorar en la inmensa catacumba.

La Europa va á morir. Tú, sacro Apolo Del Parnaso de Cristo, díme un canto Que resuene en su vasto mauseolo.

Tú la cantaste ya cuando áureo manto, Malla feudal, sacerdotal tiara Ostentaba en el trono sacrosanto.

Yo idolatrando la veré en el ara El espectro del oro y la fortuna, De inspiración y de entusiasmo avara.

Entónces como ahora, allá en su cuna Y en el lecho fatal de su agonía, El fantasma tremendo la importuna.

Cantemos de la Historia la elegía: Sol de la humanidad, de sus regiones La idealidad se aleja cada dia.

En vano entre magníficos blasones Renacerá, renacerá en su hoguera El fénix inmortal de las naciones.

El hombre, ¡padre Dante! desespera, Dobla la sien en la doliente mano, Y abandona el timón á la onda fiera.

No inquiere ya el arcano. No hay arcano. No ansía ya la venganza. No hay venganza. No hay más que el himno del dolor humano, Y el sempiterno adiós á la esperanza.