Spanish poem
La Primavera
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
Huyó el invierno sañudo Y luce brillante el sol, Que el pálido velo rasgando glorioso Difunde en la tierra benigno calor. Se cubre el campo aterido Con halagüeño verdor; Del dulce Favonio los hálitos puros Suceden al soplo del fiero Aquilón. ¡Salud, bella primavera! ¡Salud, feliz estación! Tu grata sonrisa, que vida difunde, Perfuma los aires, colora la flor. Vencedora del invierno Llegas vestida de albor, Los valles se alegran, las fuentes murmuran Las aves entonan sus himnos de amor. Brota el germen, escondido De la escarcha en la prisión, Y brumas, y yelos y nieves disipa, Tu impulso de vida, tu soplo creador. Rejuvenecer la tierra Fue tu dichosa misión, ¡Y tú la obedeces!... renace cada año Natura al mirarte, con nuevo vigor. ¡Ay! ¿por qué también al hombre No se extiende tu favor?... De su edad primera las flores preciosas Son presto despojos del tiempo feroz. Perfuman con dulce aroma Su juvenil corazón, Las toca con la mano de acero y de hielo, Las toca y marchitas las deja el dolor. El invierno de natura Tu presencia disipó, Mas ¡ayl de la vida del hombre infelice No el pálido invierno disipas tú, no. Una sola primavera El cielo le concedió, Y rápida vuela, cual nube de estío, Cual humo ligero, cual soplo veloz. ¡Una sola! y el invierno. Que helado y mustio va en pos, Le agobia de nieves, le cerca de sombras Que nunca disipa benéfico el sol. Vuelves al árbol las flores El perfume y el color... ¡Mas no das al hombre las flores perdidas! ¡Mas no le revives la muerta ilusión! De mi fugaz primavera Ten ¡oh tiempo! compasión, Y deja que pueda llevar al sepulcro... No mucho te pido... ¡tan solo una flor!