Versos Spanish Gertrudis Gómez de Avellaneda ¡Oh, Tú, Del Alto Cielo

Spanish poem

¡Oh, Tú, Del Alto Cielo

by

Listen in the reader

¡Oh, tú, del alto cielo Precioso don, al hombre concedido! Tú, de mis penas íntimo consuelo, De mis placeres manantial querido; Deja que pueda mi dorada lira Cantar la gloria que tu fuego inspira. ¡Ardiente Poesía! ¡Alma del Universo! De tu llama Al incendio feliz, el alma mía En entusiasmo férvido se inflama, Rasga la mente su tiniebla oscura Y el rayo brota de tu esencia pura. ¿Qué canto desusado Exhalan, lira, tus templadas cuerdas Que al pecho palpitante y abrasado Pasadas dichas y placer recuerdas, Volviéndole ¡ay! las emociones gratas Con que los dias de su abril retratas... ¡Salve, salve mil veces, Musa de la ilusión, que adormecida Estabas en mi mente! Resplandeces Astro de paz en mi agitada vida, Y al noble fuego de tu amor fecundo Llenaré de tu gloria el ancho mundo. Mas no: tú misma vuela Y al orbe tus misterios celestiales Con abrasada inspiracion revela, Comunica tu fuego a los mortales Y haz circular tu soplo blandamente De región en región, de gente en gente. Asaz el monstruo impío Que en sangre hirviente sus laureles baña, Al viento dio su pabellon sombrío, Asaz ardiendo en inclemente saña El numen ¡ay! de la nefanda guerra Con su cetro feral rigió la tierra. De la ambición insana, Del odio, y la venganza acompañado, Al Orco torne, en impotencia vana, Quede su solio impuro derrocado, Y el funesto laurel que altivo ostenta Marchito caiga de su sien sangrienta. ¡Genio de la armonía! No a la posteridad des la memoria De esos hombres de sangre, ni a su impía Fama le prestes tu fulgente gloria: Tu carro triunfador no cuesta llanto Ni el laurel que conquistas con el canto. No envidies sus blasones Ni del poder la efímera grandeza Que hinchada ves de impuras oblaciones: De tu destino la inmortal belleza, Tu sublime misión ¡oh poesía! Ni acero ha menester ni tiranía. lOh! nunca profanada La altiva frente ante los tronos bajes, Ni sea tu voz por la ambicion comprada, Ni cubras la impiedad con tus celajes: ¡Nunca el magnate o el feroz soldado A sus pies vean tu laurel hollado! Tu genio independiente Rompa las nieblas del error grosero, La verdad preconice, y de su frente Temple con flores el rigor severo, Dando al mortal en dulces ilusiones De saber y virtud gratas lecciones. A ti ofrece natura Su más variada pompa y su grandeza, A ti los cielos brindan su hermosura, Y el aura de la noche su pureza; Y el hímno entonas que al Eterno sube En las zafíreas alas del Querube. Hablas: todo renace. Tu creadora voz los los yermos puebla; Espacios no hay que tu poder no abrace; Y rasgando del tiempo la tiniebla, Luz celestial, descubres e iluminas, Las mutiladas silenciosas ruinas. Por tu acento apremiados, Preséntanse del fondo del olvido, Ante tu tribunal siglos pasados, Y el fallo que pronuncias, trasmitido Por una y otra edad en rasgos de oro Eterniza su gloria o su desdoro. Al héroe que se inmola, Y a quien su patria ingrata desconoce, Le ciñes tú la espléndida aureola, Y haces que el sabio la esperanza goce De que si el odio empaña su memoria Tú cantarás al porvenir su gloria. Mas si entre gayas flores A la beldad consagras tus acentos, Haces nacer los célicos amores; Haces brotar pirísimos contentos; Que de tu voz la Omnipotencia blanda Con ley de paz los corazones manda. Así Petrarca un día; Sintió de amor las penas, los encantos, El puro fuego que en su pecho ardía Admira el mundo en sus divinos cantos, Y aun en la orilla de Valclusa el aura Murmura triste el nombre de su Laura. Y vosotros, de España Vates ilustres, dulce Garcilaso Tierno Melendez.... la iracunda saña De altivos héroes celebráis acaso?... No, que la gloria en vuestra lira hermosa Solo enlaza los mirtos con la rosa. ¡Oh! si dado me fuera Vuestro dulce cantar, vuestra ternura, O el plectro ardiente del sublime Herrera, O del culto Rioja la tersura, Entonces ¡ay! el fuego que me anima Extendiera mi voz de clima en clima. Mil veces desgraciado El que insensible a tu divino acento Con alma yerta, y corazón gastado, No siente hervir el alto pensamiento; Que es el mundo sin ti templo vacío, Cielo sin claridad, cadáver frío. Mas yo doquier te miro: Si de la noche con el fresco ambiente De puras flores el aroma aspiro, Al murmurar de la sonora fuente; Tú respiras allí, y en leda calma La dulce inspiración viertes al alma. Si con la blanca aurora Despertando natura, se engalana, Y de zafir y rosa se colora, Rica de juventud, de amor ufana, Tú con su brisa en lánguidos desmayos Giras del sol en los primeros rayos. Si al huracán violento De la borrasca elmanto denegrido Enluta el éter, y en su firme asiento El cerro tiembla al hórrido estampido, Trémula siento palpitar mi seno Y oigo tu voz al retumbar del trueno, También, también un día Del ancho mar en el inmenso llano Tu faz sublime con placer veía, Ora silvase el aquilón insano, Ora gimiese en la extendida lona La brisa pura de la ardiente zona. ¡Aun en la tumba helada! Aun en la tumba, sí, pálida y bella Te vi borrar, de adelfas coronada, De la muerte cruel la triste huella, Y de tu santa inspiracion el vuelo, Llevar el alma del sepulcro al cielo. De la fortuna ciega Nunca imploré los miserables dones Ni de las dichas que el amor me niega Me adularán mentidas ilusiones. Eres tú sola ¡Oh musa! mi tesoro, Tú la deidad que sin cesar imploro. Y no ambiciosa aspiro A conquistar el lauro refulgente, Que humilde acato y generosa admiro, De Homero o Taso en la radiosa frente; Ni invoco ¡Biron! de tu gloria esclava El numen de dolor que te agitaba. Como rosa temprana Que troncha el cierzo, o marchitó el estío Pasa veloz la juventud lozana, Y la árida vejez, su aliento frío Al exhalar, marchita cuanto alcanza, Gloria, placer, ternura y esperanza. Dame que pueda entonces, ¡Virgen de paz! ¡Sublime Poesía!, No transmitir en mármoles y bronces De un siglo en otro la memoria mía; Sólo arrullar, cantando, mis pesares, La sien ceñida de modestas flores.