Spanish poem
Todo En Sosiego Reposa
by Gertrudis Gómez de Avellaneda
Todo en sosiego reposa, Reinan silencio y quietud Y a la reja de una hermosa Resuena acorde un laúd. Cuelga la luna del cielo Cual lámpara circular, Y al través del negro velo Se ve su lumbre rielar, Solo el céfiro murmura Acariciando a la flor, Mientras canta con ternura El insomne trovador.
Ingrata señora De un alma rendida. No acabe mi vida Tu fiero desdén, El llanto que vierto Mi vista oscurece, Mi tez palidece Marchita mi sien. Mil veces mi pena Te dijo mi canto, Mil veces mi llanto Miraste brotar: Mas ¡ay! ni escuchaste Mi trova doliente, Ni el lloro ferviente Quisiste secar. ¿Por qué así desprecias, Hermosa, la llama De un pecho que inflama Tu pura beldad? ¿Es ¡ay! tan pequeña? ¿Tan poco te ofrezco Que solo merezco Desdén y crueldad? Un alma te rindo Que encierra un tesoro Más noble que el oro De precio mayor: Pues es de ilusiones Hermosas, radiantes, De sueños brillantes De gloria y de amor. Un tesoro, amada, Que nunca se agota, Tesoro que brota De genio inmortal: Tesoro más digno De virgen belleza, Pues da la riqueza De un mundo ideal. A pechos vulgares Da el oro fortuna Y al vate en la cuna Le vierte ilusión. Para él son los cielos Los campos, las flores, Para él los amores Más fúlgidos son. Si luce la luna, Si cantan las aves, Si aromas suaves Despide la flor; Si clara y sonora Resbala la fuente Con plata luciente Sulcando el verdor: Si brilla cuajado Nocturno rocío, Si en ondas del río Refleja la luz; Si tiene la aurora Benignos albores, El sol resplandores, La noche capuz; Si silvan los vientos, Si el mar se enfurece, Si al mundo estremece Feroz tempestad... ¡Todo es para el vate! Su genio inspirado Hermosa ha creado La estéril verdad. Ven, llega ¡oh amada! Y enlaza en mi frente Al lauro esplendente Los mirtos de amor: Y reina en un alma Que vale un tesoro, Más noble que el oro, De precio mayor.
Suspenso su canto deja Un momento el trovador, Porque percibe en la reja Ligerísimo rumor. En ella clava los ojos Con amorosa ansiedad Y aguarda puesto de hinojos, A su adorada beldad. Ya distingue sus pisadas, Ya a la reja se llegó... ¡Oh placer! con sus miradas Las tinieblas disipó. Ya la contempla y bendice El trovador su laúd, «¡Dichoso mi canto!» —dice—, «Dichosa ya mi inquietud! Por fin ablandó mi ruego Dueño hermoso, tu rigor, Y templar quieres el fuego De mi delirante amor. »¡Ven, amada! Tu hermosura, Mi ventura Cantaré: Y a los siglos Tu memoria Con mi gloria Dejaré».
«¡Dichoso mi canto!»
«Dichosa ya mi inquietud! Por fin ablandó mi ruego Dueño hermoso, tu rigor, Y templar quieres el fuego De mi delirante amor. »¡Ven, amada! Tu hermosura, Mi ventura Cantaré: Y a los siglos Tu memoria Con mi gloria Dejaré».
¡Oh sorpresa! en el instante Una risa se escuchó Y con desdén insultante La tirana prorrumpió. «Su tesoro de ilusiones Guarde en buen hora el doncel, Que desprecio sus canciones Sus amores y laurel. »En el mundo donde vivo Tanta gloria inútil es, Y yo un don más positivo Pretendo ver a mis pies». Cual caminante espantado Por súbita tempestad Queda inmoble el desdichado Y se burla la beldad, Que al mirar su vista inquieta Le dice con irrisión: —¿Qué habéis perdido poeta? Y él responde —¡una ilusión! —¿Y tal pérdida deplora, —Ella dice— como un mal, El que tantas atesora En todo un mundo ideal? —¡Ay! —le responde el cuitado Con trémula y triste voz—, Cuando una nos ha dejado Otra nos sigue veloz.
«Su tesoro de ilusiones Guarde en buen hora el doncel, Que desprecio sus canciones Sus amores y laurel. »En el mundo donde vivo Tanta gloria inútil es, Y yo un don más positivo Pretendo ver a mis pies».
Silencio profundo ya reina en la calle; La hermosa tirana su reja cerró, Y yo fatigada de largo desvelo Al sueño demando su dulce favor. Mas ¡ay! que en la mente mil tristes ideas Se agolpan y cruzan en giro veloz, Y mientras me agito buscando reposo Un flébil ocento de nuevo sonó: Escucho y conozco del vate infelice Allá en lontananza la trémula voz, Y tal me parece que un eco importuno Divulga en su canto mi triste opinión. «Es ¡ay! el poeta Un ser peregrino Que sigue el camino Sin sombra ni flor. Sueño es su esperanza, Su dicha ilusoria, Mentira su gloria, Verdad... ¡¡su dolor!!»