Spanish poem
Las Montañas De Occidente
by Ignacio Manuel Altamirano Basilio
Las montañas de Occidente La luna traspuso ya, El gran lucero del alba Mírase apenas brillar Al través de los nacientes Rayos de luz matinal; Bajo su manto de niebla Gime soñoliento el mar, Y el céfiro en las praderas Tibio despertando va. De la sonrosada aurora Con la dulce claridad, Todo se anima y se mueve, Todo se siente agitar: El águila allá en las rocas Con fiereza y majestad Erguida ve el horizonte Por donde el sol nacerá; Mientras que el tigre gallardo Y el receloso jaguar Se alejan buscando asilo Del bosque en la oscuridad. Los alciones en bandadas Rasgando los aires van, Y el madrugador comienza Las aves a despertar: Aquí salta en las caobas El pomposo cardenal, Y alegres los guacamayos Aparecen más allá. El aní canta en los mangles, En el ébano el turpial, El cenzontli entre las ceibas, La alondra en el arrayán, En los maizales el tordo Y el mirlo en el arrozal. Desde su trono la orquídea Vierte de aroma un raudal; Con su guirnalda de nieve Se corona el guayacán, Abre el algodón sus rosas, El ilamo su azahar, Mientras que lluvia de aljófar Se ostenta en el cafetal, Y el nelumbio en los remansos Se inclina el agua a besar. Allá en la cabaña humilde Turban del sueño la paz En que el labriego reposa , Los gallos con su cantar; El anciano a la familia Despierta con tierno afán, Y la campana del Barrio Invita al cristiano a orar. Entonces, niña hechicera, De la choza en el umbral Asoma, que flor del alba La gente ha dado en llamar. El candor del cielo tiñe Su semblante virginal, Y la luz de la modestia Resplandece en su mirar. Alta, gallarda y apenas Quince abriles contará; De azabache es su cabello Sus labios bermejos, más Que las flores del granado La púrpura y el coral, Si sonríen, blancas perlas Menudas hacen brillar. Ya sale airosa, llevando El cántaro en el yagual, Sobre la erguida cabeza Que apenas mueve al andar; Cruza el sendero de mirtos Y cabe un cañaveral, Donde hay una cruz antigua, Bajo el lecho de un palmar, Plantada sobre las peñas Musgosas de un manantial. Arrodillada la niña Humilde se pone a orar, Al arroyuelo mezclando Sus lágrimas de piedad. Luego sube a la colina Desde donde se ve el mar, Y allí con mirada inquieta, Buscando afanosa está Una barca entre las brumas Que ahuyenta ledo el terral; Los campesinos alegres Que a los maizales se van, Al verla así, la bendicen, Y la arrojan al pasar Maravillas olorosas De las cercas del bajial, Que es la bella Flor del alba, La dulce y buena deidad Que adoran los corazones De aquel humilde lugar.
madrugador
cardenal,
turpial,
cenzontli
Barrio
flor del alba
Flor del alba,