Versos Spanish José Joaquín de Olmedo A un amigo

Spanish poem

A un amigo

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(Don Gaspar Rico)

En el nacimiento de su primogénito

¡Tanto bien es vivir, que presurosos deudos y amigos plácidos rodean la cuna del que nace, y en versos numerosos con felices pronósticos recrean la ilusión paternal! Uno la frente besa del inocente y en ella lee su próspero destino; otro, ingenio divino, sed de saber y fama y de amor patrio la celeste llama ve en sus ojos arder; y la ternura, el candor y piedad otro divisa en su graciosa y plácida sonrisa.

Pero ¿será feliz?, ¿o serán tantas hermosas esperanzas, ilusiones? Ilusiones, Risel. Ese agraciado niño, tu amor y tu embeleso ahora, hombre nace a miseria condenado. Vanos títulos son para librarle su fortuna, su nombre. Mas ¿qué hablo yo de nombre y de fortuna?, si su misma virtud y sus talentos serán en estos malhadados días un crimen sin perdón... La moral pura la simple, la veraz filosofía, y tus leyes seguir, madre Natura, impiedad se dirá. Rasgar el velo que la superstición, la hipocresía tienden a la maldad; decir que el cielo límites ciertos al poder prescribe como a la mar; y que la mar insana menos desobediente es al alto decreto omnipotente: impiedad... sedición... Por toda parte, la frente erguida, el vicio se pasea, llevando por divisa «audacia y arte». Tienta, seduce, inflama, ni oro, ni afán perdona; da a la maldad por galardón la fama, se atreve a todo, y triunfa, y se corona. ¡Qué escenas, Dios!, ¡qué ejemplos!, ¡qué peligro! ¿Y es tanto bien vivir? -¡Siquiera el cielo a más serenos días retardará, oh niño, tu nacer!, que ahora sólo el indigno espectáculo te espera de una patria en mil partes lacerada, sangre filial brotando por doquiera, y, crinada de sierpes silbadoras, la discordia indignada sacudiendo, cual furia horrible y fea, su pestilente y ominosa tea.

¡Oh!, ¡si te fuera dado al seno oscuro pero dulce y seguro, de la nada tornar!... y de este hermoso y vivífico sol, alma del mundo, no volver a la luz, sino allá cuando ceñida en lauro de victoria ostente la dulce patria su radiosa frente, el astro del saber termine su conocido giro al occidente, y el culto del arado y de las artes, más preciosas que el oro, haga reflorecer en lustre eterno, candor, riqueza y nacional decoro, y leyes de virtud y amor dictando, en lazo federal las gentes todas adune la alma paz, y se amen todas... y ¡oh triunfo!, derrocados caigan al hondo abismo error, odio civil y fanatismo.

Traed, cielos, en alas presurosas este de expectación hermoso día. Entretanto, Risel, cauto refrena el vuelo de esperanza y de alegría. ¡Oh, cuántas veces una flor graciosa que al primer rayo matinal se abría, y gloria del vergel la proclamaba la turba de los hijos de la Aurora, y algún tierno amador la destinaba a morir perfumando el casto seno de la más bella y más feliz pastora!, ¡oh, cuántas veces mustia y desmayada no llega a ver el sol, que de improviso la abrasa el hielo, el viento la deshoja, o quizá hollada por la planta impura de una bestia feroz ve su hermosura!

Empero tu deber, Risel amado, ya que te ves alzado a la sublime dignidad de padre, te manda no temer; antes el fuerte pecho contraponer a la violenta avenida del mal y de la suerte. Virtud, ingenio tienes. Sirva todo, no sólo a dirigir la índole tierna de tu hijo al bien, que en desunión eterna está con la ambición y la mentira, sino a purificar en algún modo el aire infecto que doquier respira. Aprenda de tu ejemplo prudencia, no doblez; valor, no audacia; moderación en próspera fortuna, constante dignidad en la desgracia. Porque cuando en el monte se embravece hórrida tempestad, el flaco arbusto trabajado del ábrego perece, mas al humilde suelo nunca inclina su excelsa frente la robusta encina, antes allá en las nubes señorea los elementos en su guerra impía y al fulgurante rayo desafía.

Y tú, mi dulce amiga, cuyo hermoso corazón es el ara del amor conyugal y la ternura, que por seguir y consolar tu esposo, en tabla mal segura osaste hollar con varonil denuedo mares por sus naufragios tan famosas, y cortes más que mares procelosas; tú, que aun en medio del dolor serena, viste abrirse a tus pies la tumba oscura, ni asomada a su abismo te espantaste, y ansiedad, y amargura, en los pesares sólo, mal merecidos, de Risel mostraste, o cuando el tierno pecho te asaltaba dulce memoria de tu patria ausente; ¡oh!, entonces no sabías que al volver a tu patria y tus amigos en premio el cielo a tu virtud guardaba lo que negó a diez años de deseos, y que madre a tu madre abrazarías.

Gózate para siempre, amiga mía; huyó la nube en tempestad preñada, y te amanece bonancible día. Éste, éste de la patria el caro suelo, éste su dulce y apacible cielo, éstos tus lares son. ¿Por qué suspiras? No es ya mentido sueño lo qué miras... Esa que tierna abrazas es tu madre, tú, más feliz que yo, tu madre abrazas... mientras yo ¡desdichado!, sólo en la tumba abrazaré la mía.

Tú, sé feliz, y goza ya, segura de sobresalto fiero, inefable delicia en el cariño de este precioso niño, primera prenda de tu amor primero. Paréceme mirarte embebecida en sus ingenuas y festivas gracias; y, cuando más absorta, de improviso una lágrima ardiente de tus ojos brotar... el inocente cual si entendiera lo que entonces piensas, las manecitas cariñosas tiende, abre en sonrisa la encarnada boca y el dulce beso maternal provoca. Bésale, veces mil, y esta dulzura divide con Risel. Sabia Natura no te formó al nacer amable, hermosa, sino para ser madre y ser esposa. Y tú, querido infante, que ignorando cuál será tu destino, en la dorada blanda cuna te meces, y agraciado sonríes o ledo te adormeces; ya que mirar la luz te ha dado el cielo, vive, florece; y tus amigos vean que en honor y consuelo de tu familia y de tu patria creces.

Sigue como tus padres alentado de la virtud la senda, y nada temas; que en cualquier estado vive el hombre de bien serenamente a una y otra fortuna preparado. Y libre, o en cadena, y aun alzada sobre su cuello la funesta espada, en noble impavidez antes la frente a la ceñuda adversidad humilla que a un risueño tirano la rodilla.

Lima, 1817.