Spanish poem
Siento Una Voz Lastimera
by José Selgas
Siento una voz lastimera Que sale no sé de dónde, Soplo que de esta manera A mis preguntas responde: —¿Existe el bien? —Puede ser. —¿En la tierra? —¡Por qué no! —¿Para alcanzarlo? —Querer. —¿Y en dónde está? —Búscalo.
Bajo los ojos pensando Que estas respuestas no entiendo. Después sigo preguntando; La voz sigue respondiendo: —¿Es la gloria? —Vanidad. —¿Es la hermosura? —Ilusión. —¿La juventud? —Loca edad. —¿Los placeres? —Humo son.
Nuevas sombras, nueva duda Encuentro en cada respuesta. La voz permanece muda, Mas pregunto, y me contesta: —¿Está en el poder? —Jamás. —¿En la riqueza? —¡Qué error! —¿En la ciencia? —Loco estás. —¿En el amor? —¡En qué amor!
El misterio de este asunto Oscuras sombras le presta; Nuevamente yo pregunto, De nuevo la voz contesta: —No es riqueza, ni esplendor, Ni hermosura, ni poder, Ni ciencia, gloria ni amor; Entonces, ¿qué puede ser? —Tus pensamientos no van Por el camino del bien; Es luz que enciende tu afán, Y que tus ojos no ven. —Raro bien, pues que, según Las respuestas que me das, Huye de mí, más aún Cuando yo lo busco más. —Muy mal discurres así: Tu ceguedad es cruel; No es él el que huye de ti, Eres tú quien huye de él. —¿Quién lo ha visto? —Quien lo halló. —¿Quién lo oculta? —Quien lo da. —No existe el bien. —Búscalo. —¿Pero dónde? —Donde está.
Bien que existe y no se alcanza, Que lo busco y no lo veo, Es dogal de mi esperanza, Fatiga de mi deseo. Si es mentira, ¿cómo existe? Si es verdad, ¿por qué se esconde? Vuelvo a preguntar, y triste Así la voz me responde: —¿Es un sueño? —Es realidad. —¿Es el genio? —Raro don. —¿La fortuna? —Ceguedad. —¿La razón? —¡Pobre razón!
—Por lo que mis ojos ven, En las respuestas que das, Bien triste cosa es un bien Que no se alcanza jamás. Bajo la sombra pesada De este pensamiento fijo, Doblé la frente cansada, Y entonces la voz me dijo: —Ciega, con falso barniz Te pinta el bien tu inquietud Sobre la tierra, ¡infeliz!, No hay más bien que la virtud. ArribaAbajo ArribaAbajo ¡Buen negocio! Es el mundo un mercader, Y es tu belleza una alhaja, Y los placeres y el lujo Son el precio en la subasta. Mucho valen, mucho valen Los tesoros de tus gracias; Mas él es rico, tan rico, Que Dios sabe lo que gasta. Pide sin miedo, y tu boca Será medida sin tasa, Porque él echa, en estos casos, La casa por la ventana. Bien pronto se cierra el trato; Es cuestión de dos palabras, Porque entre gente de rumbo, Mano a mano, toma y daca. ¡No vaciles cuando puedes Vender tu virtud tan cara! Mira tú si es buen negocio Él te compra y tú lo pagas.