Versos Spanish José Zorrilla 09

Spanish poem

09

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Todo lo oyó Beatriz: todo lo sabe, y en lágrimas deshecha lo irrevocable de su mal sospecha, concibe al fin lo que en su hermano cabe. Ve su avaricia y la fatal venganza que en Cesar tomará, su amor primero no olvidando jamás, con la esperanza de á su hermana perder y al bandolero. Todo lo sabe, sí; que en noble cuna arrullado el bandido, de enemiga fortuna, vejado y perseguido, sus bienes y sus grados ha perdido, sus virtudes tal vez una por una; mas, ¡por Dios! que noble todavía de una pasion purísima instigado recuerda con honor que fue soldado, recuerda su valor y su hidalguía; y los medios buscando, á la carrera volver intenta de la edad primera. Él se batió animoso por su Patria y su Rey; íntima, franca conserva con un noble poderoso ilesa su amistad, y esta le arranca del deshonor en que olvidado vive si admite sus propuestas, y por viejo favor, favor recibe. La larga cicatriz de la lanzada por aquel recibida, al noble impone obligación sagrada de pagarle la vida con la vida; y á su honor tornará y á su grandeza, y las fieras hazañas de que el héroe fuera en las montañas, miradas á través de su nobleza, y á través de su ingenio y del indulto, ya no serán por crímenes tenidos sino por hechos de jigante bulto; y tornará al ejército siquiere, y tornará á la Corte, ó vivirá feliz si le pluguiere en el lugar donde morar quisiere con elegida y cándida consorte.

Asi pensaba á solas en su lecho la hermosa Beatriz, y asi crecia el escondido amor que está en su pecho aumentando ó calmando su agonía. Y las dulces palabras del bandido, y de su voz el mágico sonido y la bizarra y varonil figura de aquel gallardo rey de la espesura, y la grata memoria de su varia y novelesca historia, de sus fuegos antiguos y amoríos, apuestas, desafios, y otros lances mas serios velados en recónditos misterios, todo á su mente vivo se presenta, y todo ello acrecienta la oculta simpatía que ya por él sentía desde la noche que á la quinta vino por los montes huyendo del destino. Y todo esto que atiza el fuego de un amor que aun no concibe, el objetivo á sus ojos diviniza que á su pesar en su memoria vive. Y con su imagen sueña, y en delirio amoroso como espíritu errante y luminoso la contempla vagar de peña en peña un porvenir mintiéndola dichoso. «Ven, la dice tendiéndola los brazos el fantasma hechicero, ven; las torpes cadenas haz pedazos del tirano poder que te sujeta, y en brazos del perdido bandolero encontrarás la libertad completa.» Y sueña que la toma la amiga aparicion sobre sus alas, y va de loma en loma, y va de cumbre en cumbre á la pálida lumbre de luna vaporosa viendo la creacion maravillosa; y descubriendo en los hendidos cascos de los rudos y altísimos peñascos los frescos manantiales transparentes que lanzan por las peñas sus vertientes, y en los valles frondosos tornados en arroyos cauladosos, ó en fuentes cristalinas, fecundan florecillas peregrinas y espesas arboledas de extendidos pinares y alamedas. Y en medio del espacio la parece, do el aire se refresca y se enrarece, que alcanza de esmeraldas y topacios, pagodas y palacios, y las nubes con mágicos celajes figuran sutilísimos encajes, ejércitos de sombras caprichosas, ya fieras ya graciosas, que cruzan en diversos pelotones del aire azul las cóncavas regiones. Todo esto enamorada sueña talvez, llevada en brazos de la sombra que la hechiza, de la bella vision que diviniza. Mas, ¡ay! que allá á lo lejos de un astro ensangrentado á los reflejos en nubarron de cárdenos colores preñado de vapores, de su camino en la mitad se lanza el pálido fantasma de su hermano, y rompe sus delirios de esperanza con enemiga é iracunda mano, y agitada despierta de la efectiva realidad incierta. ¡Ay triste… triste Beatriz que adora un delirio no mas! cuantos dolores te va á traer la venidera aurora tras esos pensamientos seductores. ¡Ay pobre Beatriz! suspira y llora.

¿Qué hace entretanto Carlos? ¿sueña tambien exaltacion futura? ¿tendrá al fin que dejarlos realizar sus amores, su ventura? ¿cederá del bandido al genio emprendedor? ¿teme su enojo? témelo, si; mas corazon torcido, pérfida hipocresía á oponer va á su arrojo, y en su destreza y sus amaños fia. Cerrado en su aposento, cuando aun apenas amanece el dia, en planta pone su traidor intento: y á la sed de venganza que le agita el corazon cobarde le palpita. En sus labios que el miedo descolora brilla sonrisa atroz; honda revelan sus pardos ojos intencion traidora, y las miradas de sus ojos hielan dificilmente toma la desigual respiracion, y el pecho que corroe del crimen la carcoma, presta al aire sutil ámbito estrecho. Y le tiembla la mano mientras guia la pluma con que el intento que emprendió villano en billete fatal traza y consuma. Dos veces le leyó despues de escrito, dos veces le dejó sobre la mesa, hasta que halló que en el papel maldito su voluntad con su diccion expresa. Otra vez todavía le repasó al cerrarle, y á cada doble que al papel hacia aun tornaba un momento á repasarle. Cerró el billete al fin, púsole oblea, y á un jayan despertando que en cercano aposento está roncando y en quien peligro no hay de que lo lea, toma, le dijo: á Córdoba volando! lleva á mi Padre ese papel al punto: y cuenta con que abrevies el camino, que si en horas no llega á su destino y no logro mi afan eres difundo. Partió el jayan, y decidido fuése á obedecer sumiso, mas que al jaco que monta harto le pese el trotar cuesta abajo y por mal piso. Desde la alta ventana á que se asoma vióle Carlos doblar la enhiesta loma, un «Dios con bien te lleve» murmurando y un segundo billete comenzando. Mas breve y mas conciso que el primero fue aquel, y con mas prisa concluido, aunque con mas cuidado conducido, á manos del bizarro bandolero. Un ladino mancebo, tosco y astuto, largo en malicia si de porte bruto, se encargó del mensaje, preparando con tiento en su memoria una fingida historia del término y motivo de su viaje. Cuyas dos cosas juntas, carísimo lector, como que tienen de misterio sus puntas, al caso en este número no vienen, y á mas siendo (á mi juicio) mas perfectos los relatos y escritos do las causas se ven por los efectos, porque escusan prefacios infinitos. Informarte prefiero, y que se me antoja á vuelta de esta hoja de lo que sucedió con los billetes, y á ello es fuerza lector que te sujetes aunque la relacion quede algo coja.