Spanish poem
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Paz, dicen bien los cuentos populares Que hay algo de divino en los poetas: Pues desde la familia en sus hogares Hasta la religión en sus altares, Creen sus solemnidades incompletas Si no las prestan voz nuestros cantares. Si no suben a Dios sus oraciones En alas de la dulce poesía, Si prez a sus heróicas acciones, Si a sus festejos, triunfos y ovaciones, Celebridad, impulso y alegría Los poetas no dan con sus canciones, No hubo jamás un pueblo que creyera Completo su placer, su gloria entera.
Ilion en sus homéricos festines, Roma en sus gigantescas bacanales, En sus justas los Godos paladines, En su guardado harén los orientales, Lo mismo Babilonia en sus jardines Que Fez en sus salvajes arenales, Fiaron a la voz de sus poetas Su fe, su honor, su gloria y sus amores: Y heraldos del placer, del bien profetas, La sien ceñida de laurel o flores Y al compás de la cítara o la trompa, Hicieron de los siglos vencedores, De sus fiestas espléndidas la pompa Admirar a los siglos posteriores; Y por eso al poder de un solo verso Vive acaso inmortal una belleza, Y hoy contempla estasiado el universo Coronada de gloria su cabeza: Y la que siglos ha que es ya ceniza, Viva en un himno al universo hechiza. ¿Quién sabe si los míos algún día, Remontándose en alas de esa gloria, Lograrán más allá de la edad mía Hacer vivir tu nombre y tu memoria?
Mas yo que te amo ¡oh Paz! como un hermano, Verter no puedo en tu festín de bodas Flores, que por dó quiér vierte mi mano Como holocausto de costumbre y vano Sobre la mesa de las fiestas todas. No es el sonoro ruido de mi acento, Ni de mis rudos versos la armonía, Ecos livianos que devora el viento, Los que te han de explicar el sentimiento Del amor fraternal del alma mía; El poeta esta vez no habla contigo: Es tu postrero y tu mejor amigo. Y o que adoro la gloria y la hermosura, Que de entrambas en pos crucé los mares. Que dó quier que mi planta se asegura Las canto audaz y las elevo altares, Sobre tu porvenir, paz y ventura Pido a Dios, no a mi cítara cantares; Y este voto que a Dios con fe se eleva, Favor le pide por la fe que lleva. He aquí por qué el poeta vagabundo A quien abres tu hogar cuando ante él pasa, De darte en vez lo que prodiga al mundo, Su poesía ruin de precio escasa, Pide no más de su alma en lo profundo La bendición de Dios para tu casa. Yo no puedo tu sien ceñir de flores Porque, en mi alma sombría, solitaria Se está elevando a Dios una plegaria Por la felicidad de tus amores. ¿Y sabes lo que a Dios para ti pide Mi alma, a quien cree feliz la humana gente Porque en su fondo penetrar la impide El lauro estéril con que ornó mi frente? Que cuando yo abandone tus hogares, Y a arrostrar las tormentas de la vida Vuelva a salir por selvas y por mares, El bien y el mal entre los dos divida, Dando a mi alma en el pesar curtida De las almas de entrambos los pesares: ¡Y ojalá, hermosa Paz, que tú sin ellos No cuentes nada más que días bellos: Y mientras yo de entrambos los dolores Me llevo, y su cicuta convertida Devuelvo al mundo en himnos y cantares De espinas coronado y no de flores, Permita Dios, en tu dichosa vida, Que no sufras jamás, que nunca llores!