Versos Spanish José Zorrilla 15

Spanish poem

15

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¡Escrito estaba así! Dios en su mano Tiene los corazones de los reyes, Y sus profundos cálculos políticos La voluntad de Dios acota siempre. Esa nación, que poderosa nace De las ruinas de aquella que perece, Al mandato de Dios brota y se encumbra Y en alas sólo de su aliento viene. Los pueblos y las razas se renuevan, Devorando el que nace al que fenece. Como en la inundación bajo las aguas Se renueva el país que se sumerge. La gloria y el poder de las naciones Nace, se eleva y cae, cual se suceden Las semillas y frutos de la tierra, Hijas de la estación que les da gérmen. El invierno corona las montañas Con blancas tocas de apretada nieve, Y el aire de sus copos infecundos La lluvia estrae para regar las mieses. Cuna y sepulcro al par de cuanto en ella Vejeta y se consume, nace y muere, Fúnebre ¡á Dios! ó alegre bienvenida Da la tierra á quien parte y á quien viene; Y lo mismo que el manto se desciñe De vida y flores en que A.bril la envuelve, Se despoja insensible de sus pueblos, Y sus razas olvida indiferente. Así han nacido y perecido todos Bajo esta ley universal, y quieren Esplicar los políticos en vano Los misterios del tiempo y de la muerte. Mane, Tézel, Farés, escribió el dedo De Dios de su palacio en las paredes, Y se hundió Baltasar y Babilonia; Y así se hunden los pueblos y los reyes. En vano achaca el sábio á su política El viento que á su ruina les impele: Al pueblo que á su fin mísero toca Su propio peso hacia su fin le vence: Y el rey que nace de su raza el último, Por mucho que afanoso se desvele Por la prez y la gloria de sus pueblos, Al fin sus pueblos y su gloria pierde. Nínive así, Jerusalén y Roma Fueron: y así las razas del Oriente Que encantaron los valles de Granada Fueron: sombra de sauce, inquieta y breve. Aroma de jazmín que dura un día. Humo de mirra que borró el ambiente, Nube formada del vapor del alba Que á los rayos del sol se desvanece. Tal fué Granada: y al dejar sus muros. Filósofa ó fanática su gente «Escrito estaba así!, dijo partiendo, ¡Alahú-akbar! ¡Dios grande, tú lo quieres!» Y yo, que al relatar su última historia, En empolvados libros y papeles Roídos por el tiempo, voy sus hechos Al olvido robando, siento á veces Preñárseme los párpados de lágrimas. Viendo la abnegación de aquellos seres Que al África partieron resignados, Más que á su patria á su crëencia fieles ; Y cuando leo los cristianos libros Que les tratan de bárbaros y aleves, Digo en mi corazón: «Escrito estaba: ¡Alahú-akbar! ¡Dios grande, Tú lo quieres!» Mas volviendo á tomar mi torpe pluma, Y tornando á elevar mi canto débil, Torno al relato de su antigua historia Y vuelvo de Granada á los vergeles.