Spanish poem
18
Quien no ha visto nunca a Aurora La gitana de Sevilla, No ha visto la maravilla Mayor del Guadalquivir. Es la flor de Andalucía, Es la perla de Triana; Con un alma, aunque gitana, Pura cual oro de Ofir.
La negra y rica madeja De su cabello abundante Corona de su semblante El puro contorno oval, Como la toca de plumas Con que ornó naturaleza. De la garza la cabeza Y la del águila real.
Su cintura se cimbrea Cual los tallos de las palmas, Su mirar roba las almas, Las hechiza su cantar: No tiene par en el garbo De puntear una vihuela, Ni hay quien una castañuela Con las suyas lleve al par.
Cuando sale de Triana Conduciendo su cuadrilla, A ganarse por Sevilla De su errante vida el pan, Se asoman a los balcones Las damas mas principales, Y sobre ellos llueven reales Por donde quiera que van.
¡Mas es muy justo a fe mía! Pues más ágil bailadora Ni mas diestra tañedora No se vio ni oyó jamás: De su baile con los pasos, Con el son de sus canciones Se lleva los corazones Embebecidos detrás.
Por dó quier que se presenta En paseo, calle o plaza, El camino la embaraza La curiosa multitud: Y en las casas más severas Se la llama y se la admite, Porque dicen que compite Con sus gracias su virtud.
Ni livianas, ni incentivas, Las posturas y mudanzas De sus pasos y sus danzas Decorosas siempre son: Ni en su boca de corales, En lo que ha que es conocida, Se oyó torpe ni escedida Resonar una canción.
Sus cantares son distintos De los cánticos vulgares: Cuentos son más que cantares, Y la forma original De sus giros y cadencias, Los delatan por hermanos De los cuentos africanos De un país mas oriental.
De sus metros musicales La dulce melancolía, Que su lenta melodía Se complace en prolongar, Recuerda a quien las ha oído Las cadencias familiares De los árabes adoares, Y de las tribus de Agár.
Ni en los vestidos bizarros Resaltó jamás de Aurora Desnudez provocadora Ni libertad femenil: Los contornos de sus formas Mantienen siempre velados Los pliegues multiplicados De su atavío gentil.
Pide y gana su sustento Con sus danzas y cantares, Pero nunca sus hogares Hombre alguno visitó: La moneda aceptó siempre Del galán o el generoso: Pero nunca sospechoso Papel ni oro recibió.
Tal vez escudero astuto, Tal vez hipócrita dueña Con carta, convite o seña La intentaron abordar: Mas con humos señoriles Y fiereza soberana, Despachóles la gitana Sin deseos de tornar.
Tal vez viejo disoluto, O audaz y rico mancebo, De sus gracias tras el cebo Embozado la siguió: Mas esquiva y ofendida La bellísima gitana, A las puertas de Triana Con desdén le despidió.
En vano los más galanes Mancebos mas seductores, Quienes los leves favores Preconizan de su amor, De sus locas seducciones En las redes la envolvieron: En sus redes no cogieron El mas mínimo favor.
Tal es Aurora: su raza Nada más se reproduce Que al sol ardiente que luce Sobre el ámbito andaluz: En aquel rincón del mundo Dó en las costas españolas Rompe el mar azules olas, Vierte el sol rosada luz.
Mas ¿qué virtud no fue nunca Por la malicia atacada, Por la envidia maltratada O por la calumnia vil? No falta quien su modestia Acuse de hipocresía, Y recele hechicería En criatura tan gentil.
Las malas lenguas que embaban Y calumnian por dó quiera La virtud más verdadera Y el mérito más cabal, No hallando tacha de Aurora En el porte y la figura, Dieron en que su hermosura Tenía algo de infernal.
Dijeron que era imposible Que una moza de su clase A la par embelesase A la culta sociedad Y al populacho villano, Si su gracia no tuviese Como el mirar de Maese Diabólica potestad.
Dicen que su viejo padre, De su tribu el más anciano, En las rayas de la mano Lo futuro sabe leer: Y tiene, por sus egipcios Conjuros y sortilegios, Amistad y privilegios Con el mismo Lucifer.
Hay quien cree que la muchacha No es un ser humano y vivo, Sino mágico atractivo De diabólica ilusión, A quien su autor el demonio Adornó con el encanto De aquel baile y aquel canto Con que hechiza el corazón.
Hay quien dice, aunque lo dice Solamente en confianza, Que los pasos de su danza Se los pone Satanás, Y la escribe sus cantares Por la noche en la vidriera, Y de los vidrios le espera La gitanilla detrás.
Y hay quien dice que su padre (A quien llama Adán el mago Maldiciente el vulgo vago Y su tribu Maese Adán) Tiene en su cuarto un espejo Tras cuya luna presentes Aparecen los que ausentes Y los que muertos están.
Fábulas del necio vulgo: Mas que en las almas vulgares Escrúpulos familiares Engendran de la aprensión; Hablillas que sordamente Con influencia traidora Fueron minando de Aurora La buena reputación.
Recelosa la justicia La espió muy cautamente La acechó secretamente La severa Inquisición: Mas hallada su conducta Sin misterios y sin tacha, Salió libre la muchacha De su rígida inspección.
Hoy repica libremente Por paseos y plazuelas Sus sonoras castañuelas Con placer universal, Y prosigue con sus gracias La dichosa gitanilla, Siendo encanto de Sevilla Que las paga liberal.
Y cual ser privilegiado, Descuidada, libre, ufana Vaga alegre la gitana Recorriendo la ciudad, Por su tribu idolatrada, Por sus nobles protegida, Sonriéndola una vida De ventura y libertad.
¿Mas qué bien hay en el mundo Que con mal no esté mezclado? ¿Que placer acibarado Nunca fue por la aflicción? ¡Tras el rostro más sereno, Bajo el pecho más tranquilo, Al pesar más hondo asilo Da tal vez el corazón!