Spanish poem
19 (Aun dura en el horizonte)
Aun dura en el horizonte El fulgor del sol poniente: Del espacio de occidente En el cárdeno confín, Cual reflejo de un incendio, Temblorosa reverbera Su llamarada postrera Tras un velo de carmin.
Sin una nube en el viento, De luz y de calma llena, Es una tarde serena Del pintado mes de Abril. Vaga el aura perfumada Con los vírgenes olores, Que da a las tempranas flores La primavera gentil.
A su vivífico soplo Reverdecen las praderas, Y florecen las laderas Del fresco Guadalquivir: Hace el ruiseñor su nido, Y empiezan las golondrinas De las playas tunecinas En bandadas a venir.
Es una tarde apacible, De esas que en Andalucía Ponen con el fin del día Principio alegre al placer. La luna llena, impidiendo Que el crepúsculo se espese, Hace que el día no cese Sin dejarle anochecer.
En esta tarde suavísima Que Abril de perfumes llena, Y en que ensaya Filomena Su primer himno de amor, Junto al puente de Triana La linda gitana Aurora Tiene al pueblo que la adora Apiñado en su redor.
Para oiría y verla atenta Abre círculo la gente: En su centro gravemente Cuatro mancebos están, Y otras tantas gitanillas Que, de Aurora compañeras, Con los pitos y panderas Parejas y són la dan.
Sobre un tapiz africano De abigarrados colores, Se sientan los tañedores, Mozos de cetrina tez: Las mozas, maestras ágiles De su danza tentadora, Ejecutan con Aurora Sus mudanzas a su vez.
Sin duda porque la fiesta, Por mozos no más trabada, Aparezca autorizada Por persona más formal, El viejo padre de Aurora Está del plato al cuidado, Centinela avizorado De su honor y su caudal.
Y aquí ¡oh. lector complaciente! Paréceme muy del caso Que yo te presente al paso Al viejo Maese Adán; Personaje a quien su tribu Da humilde el lugar primero, Y a quien puntas de hechicero Los murmuradores dan.
Maese Adán es un hombre Descaderado y zancudo, Pero mas suelto y forzudo Que aparenta su vejez. Tipo original, genuino, Fiel de la raza gitana; Vieja encarnación humana De la astucia y la doblez.
Su edad, su patria y su origen Son como sus pensamientos, Como el mar, como los vientos, Imposibles de sondar. Unos dicen que anda en cálculos Infernales abismado, Otros que, algo trastornado, Anda próximo a chochear.
Debe empero el viejo astuto Saber más que el mundo todo, Pues no tiene el mundo modo De sondar su corazón: Ni la justicia poniéndole En los más oscuros casos, Ni contándole los pasos La profunda Inquisición.
En su cara, en la cual tiende La luz incopiable tinta, Ni el pensamiento se pinta, Ni la intención se prevée. Su expresión tiene algo empero De satánico y maligno, Que él modifica benigno Con dudosa buena fé.
Solo un diabólico rasgo Hay en su fisonomía, Que ni oculta ni varía Su siniestra intensidad: Su mirada, que fulgura Como el fuego de una hoguera; Por sus ojos se creyera Que se ve la eternidad.
Si existe a fe tal fenómeno, Los que a estudiarle se aplican Supersticiosos no explican Su luminosa virtud; Diz que el tiempo, menos fuerte Que su ser salvaje y rudo, De los ojos no le pudo Arrancar la juventud.
Ello es que, horrendo o ridículo, Sin una expresión precisa, Su rostro a veces da risa Y otras infunde terror. De su voluntad a veces Cualquier rapaz se hace dueño: Otras con solo su ceño Da al mas valiente pavor.
Sin prueba alguna patente, Vagos rumores circulan Que al viejo Adán acumulan Hechos de infernal poder; Todos nombran los ausentes Con quienes han sucedido: Mas nunca con los presentes Hubieron de acontecer.
Es verdad que en muchos casos De fracturas y de heridas, Con cuatro yerbas cocidas Dio al paciente la salud. • ¿Mas quién de ellos no conoce Para un lance necesario Como el mejor herbolario De las yerbas la virtud?
Su tribu a su edad y ciencia Rinde sumisa tributo, Y es juez árbitro, absoluto De la gitanesca grey. Legisla, absuelve y condena Juez a un tiempo y patriarca: Su poder todo lo abarca Y él es en Triana el rey.
Sus palabras son las leyes En Triana obedecidas, Sus recetas son tenidas En muy grande estimación: Hecho, empero, de su raza A la nómade existencia, Vive casi en la indigencia Aunque rey de su nación.
Y hombre que ya en puesto alguno Ni se envanece ni asombra, Ama el silencio y la sombra Y busca la soledad. Y disgustado, insensible Para cuanto no es Aurora, Solo su amor atesora De su alma en la frialdad.
Solo con ella risueño, Con ella solo expresivo, Tal vez solo está ya vivo Para ella su corazón: Y dijeran que su espíritu, Que a otro mundo pertenece, Solo en este permanece Porque ella está en su región.
Por eso a pesar del tiempo Que su viejo cuerpo encorva, Su larga edad no le estorba Para seguirla dó quier: O para dar con sus canas Decoro a su humilde estado, O por velar avisado El honor de la mujer.
Tal es el rey de Triana: Tal es el padre de Aurora; Y si hay quien desee ahora Con los nombres que le dan Saber por qué le apellidan, Le responderé en conciencia Que por su ciencia, Y por sus años .
Tal es ¡oh lector benévolo! Maese Adán el gitano, El cual, teniendo en la mano El plato en que echando van Los dineros que recogen, Está en el tapiz sentado Presidiendo aquel estrado Con gravísimo ademán.
Mas he aquí a Aurora, que un punto Después de tomar aliento, Con paso gracioso y lento El círculo recorrió: Y contemplando la gente Entre halagüeña y arisca, En una guzla morisca A preludiar empezó.
Con aquel lento paseo Y aquel preludio anunciaba Que en un momento se hallaba De oportuna inspiración, Y que iba a dar a los vientos Una de esas cantilenas Que hacen salir a las venas La sangre del corazón.
Paróse luego en el centro, Y sonriéndose Aurora Dijo con su voz sonora De fresco y plateado son: “Voy a tener la fortuna “De entonar a sus mercedes “Una cantiga moruna “Aborto de mi invención.”
A cuyo anuncio, ganosa De oirla, ligeramente Agitándose la gente Un poco el cerco estrechó: Y aprovechando el momento En que revuelta se apila, Hasta la primera fila Un militar penetró.
Un mancebo hermoso y pálido, En sus veinte y seis abriles, Gentil entre los gentiles, Y de porte varonil. Los ojos en su semblante Fijó la gitana hermosa, Y un punto la tez de rosa Se la tornó de marfil.
Repuesta, empero, al instante, Y acaso más animada Con la vista inesperada Del misterioso galán, Entonó, el rostro volviendo Al resplandor de la luna, Esta cantiga moruna Escuchada con afán: