Spanish poem
26 (Abrió Don Félix los pesados ojos)
Abrió Don Félix los pesados ojos Con un esfuerzo trabajoso y largo: La vista débil y los miembros flojos Siente, como quien sale de un letargo; Aun cree que de la fiebre los antojos Vé, y aun le angustia su recuerdo amargo: Concibe que está en sí y que no delira Ya: pero no concibe lo que mira.
En limpio cuarto y en curioso lecho Sorprendido se encuentra: una ventana Morisca, a la que sombra da el estrecho Calado de una arábiga persiana, La alumbra: cuelgan por pared y techo Zorongos y atavíos de gitana; Vé a un lado suyo a Adán y al otro a Aurora: Aquel medita, la muchacha llora.
Un suspiro difícil exhalando Movióse: al percibir su movimiento, Sobre las puntas de los pies andando Se acercaron los dos, con grande tiento Tocar su cuerpo débil evitando. “¿Dónde estoy?”.—preguntó con flaco acento: Y de su escasa voz flébil el eco Fue a retumbar a su cerebro hueco.
Aurora afable respondió, en su frente Apoyando su mano nacarina: “En mi aposento y con amiga gente: “La muerte habéis tenido muy vecina; “Y aunque el riesgo pasó y visiblemente “Cede ya el mal y la salud domina, “Aun a silencio y a quietud sujeto “Estáis: conque callad y estaos quieto.”
Dijo la hermosa y al quitar la mano Grabó en su frente cariñoso beso; Don Félix, que placer tan soberano Creyó ser de su asombro en el exceso Loca fascinación de sueño vano, Sonrió con dulcísimo embeleso: Pero juzgando aún que son antojos Del delirio febril, cerró los ojos.
Sus puestos otra vez Adán y Aurora Ganaron en silencio y de puntillas: Oyóse el son del agua arrulladora Que, lamiendo del río las orillas, Murmura al pié de la ventana mora, Y arrullado por él, las maravillas Del delirio Don Félix recordando, En sueño entró reparador y blando.