Versos Spanish José Zorrilla 28

Spanish poem

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Habló Maese con razón. Don Félix Al cabo de unas horas de aquel sueño, Que él produjo tal vez de su mirada Con el poder diabólico o magnético, Se despertó tranquilo. La sonrisa Apareció en su labio, el aposento Al recorrer con apacibles ojos Y a Adán y Aurora al ver junto a su lecho. No halló ya al despertar en su memoria Rastro de aquellos lúgubres recuerdos, Ni halló en su corazón aquellas dudas De su memoria y corazón tormentos. Cuatro días después era el mismo hombre Que fue antes de su mal. Volvió a su cuerpo La robustez con la salud, y a su alma El amor que fue siempre su alimento. Quedóle, empero, en ella, como sombra Casi invisible en el azul sereno Del cielo de su calma, una tristeza Vaga, un punto vacío, en cuyo hueco Siente que se guarece incomprensible El germen de un incógnito recelo, Un átomo de mal o desventura Que sofocar no puede, y que su bello Porvenir amenaza: una fantástica Aprensión, un temor sin fundamento Tal vez, que ni atormenta sus vigilias Tenaz, ni turba con afán sus sueños; Pero que alguna vez allá en el fondo Del corazón, como un presentimiento Escondido, revela su presencia Por un instante y se le tiene inquieto. Mas tal vez de la bilis de su fiebre. Es consiguiente y natural efecto, Que se disipará cuando del todo Le restablezca en su quietud el tiempo.

Este rápidamente va pasando Para el feliz galán, que sus deseos Con el amor de Aurora ve cumplidos, Y en el cual para él el universo Y el porvenir se encierra. Aurora le ama, Su amor sin cotos autoriza el viejo Adán, y toda la gitana tribu Su antojo acata con servil respeto. Don Félix vive entre la grey egipcia Como huésped ilustre de su pueblo, Como un hijo adoptivo de su raza, Como un príncipe, en fin, vive en su reino. Libre, sin ley ni obligación alguna, Solo de amor y deferencia objeto, Como si a tal amor y deferencia Reconociendo todos su derecho, Con honda convicción le sancionara Tácito universal asentimiento, Don Félix ha venido a ser gitano Sin dejar de ser noble y caballero. El traje viste de la tribu, tiene Su parte en el común repartimiento De bienes, de sus amplios beneficios Goza: mas personales privilegios (que nunca ha alegado él, pero que todos Unánimes le acuerdan,) de groseros Trabajos y de oficios de villanos, Por voluntad común le hacen exento. Reconocida Aurora y acatada Por superior al vulgo gitanesco, Reconocido Adán como absoluto Rey, de su haber y voluntades dueño, Don Félix a su vez tomado ha sido Como tomarle Adán les ha propuesto, Como esposo de Aurora que requiere Hombre distinto y superior a ellos. Así que destinados uno de otro Para ser, uno y otro al mundo entero, Extraños, viven ya para sí solos A sus caprichos nada más sujetos, Aurora ya no sale por Sevilla Espectáculo a dar al vulgo necio Con sus bailes y cánticos: Triana Goza ya nada más tal embeleso. El poder absoluto de Maese Como tirano, o su prestigio inmenso Como sabio ¿o quien sabe si su oculto Diabólico poder es quien lo ha hecho? Ha colocado a Aurora y a Don Félix Entre su tribu en tan alzado puesto, Que consideran a ambos los gitanos Como a seres acaso más perfectos Que los seres humanos que la tierra Pueblan: tal vez les ven como a dos genios Benignos de su raza protectores Que con ella a vivir ha echado el cielo; Y en la superstición grosera, idólatra Casi, de su creencia hecha de cuentos Absurdos, de profanas impiedades, De conjuros, ensalmos, sortilegios Y diabólicos ritos, creen acaso Que poseen dos ocultos amuletos Félix y Aurora, con los cuales gozan El poder de encantar al universo, Llevándose tras sí los corazones, En su favor tornando los afectos, Y haciendo sus esclavas a las almas Que su afecto les dan sin poder menos. ¿Y quien sabe si aciertan? De Maese Son entrambos los hijos predilectos; Y cuanto al viejo misterioso atañe Del poder participa y del misterio Que se revela en su persona extraña; Cual de la luz en torno su reflejo Se derrama y en rayos impalpables Su color comunica a los objetos.

Bajo de esta diabólica influencia O a la influencia de sus gracias, fueron Don Félix y la hermosa gitanilla Del pueblo en el favor ganando trecho: Hasta que al fin idolatrados ambos De las gitanas tribus, y cediendo Al ruego popular y al amor hondo Que ata sus corazones, resolvieron Casarse; y un buen día ardió Triana De día en fiestas y de noche en fuegos, Y con placer de todos en la plaza Sobre un tablado el cántaro rompieron, Cuyos pedazos marcan cuantos años Ha de durar su unión. Rompió en tremendos Aullidos de entusiasmo el pueblo todo Contando veinte los pedazos hechos, Y al son de aquellos gritos que estridentes La atmósfera vacía estremecieron, De la boda acabó la ceremonia, Se apagaron los voces y los fuegos, Los gitanos entraron en sus casas, Los novios con su padre en su aposento, Y el barrio de Triana, de la noche Se sumió en las tinieblas y el silencio.