Spanish poem
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Tórtola blanca de azulados ojos, Perla robada del peñón de Loja, Flor de la Alhambra, de su bosque ameno Cándida corza:
Bella sultana, creación aérea De mi alma triste que en los aires mora: ¿Dónde me ocultas tus celestes ojos, Garza paloma?
Pálida estrella cuya luz no veo, Flor dé quien busco el delicioso aroma ¿Dónde eres ida, mi gentil Moraima? ¿Quién te me roba?
¿Qué nube opaca tus estancias ciñe? ¿Qué genio infausto en su mansión se posa? ¿Por qué es hoy luto y soledad lo que antes Fué luz y gloria?
¿Qué maleficio de silencio y duelo De tus estancias el recinto colma, Que hasta la fuente que corría en ellas Seca está ahora?
Tus frescos patios de arrayanes llenos, Tus ricos techos de marfil y concha. Tus camarines de labor morisca Yacen en sombra.
¿Dónde tus ojos que alumbrar solían Tus régias salas, imperial señora? ¿Dónde los sones de tus ya olvidadas Cantigas moras?
¡Ay! muda oprimes en letargo yerto Los almohadones de tu umbría alcoba: Solo tu esclavó te sostiene, sólo Kaël te llora.
Duerme, Moraima, en tu letargo, duerme; No vuelvas nunca á las amargas horas Que las vigilias de tu vida aguardan Tempestüosas.
Duerme y no vayas al salón sombrío, Donde Aixa escucha de Kaleb á solas Las de tu padre y de tu esposo aciagas Negras historias.
Duerme y no vayas: á Kaleb no escuches, Hija sin padre, sin esposo esposa; Su voz aterra, su relato heriza: Duerme: no le oigas.
Sér vaporoso, creación de un alma Que en sombras leves su pasión coloca, Hada que hechizas de mi amor poético La fé recóndita:
Ven á mis brazos, de mis sueños hija; Ven: dame tu alma que el pesar desola, Y yo del sueño la hundiré en la sima Lóbrega y honda.
Yo, que comprendo de las sombras vagas La lengua pura y la mortal congoja. Traeré á tu alma aletargada menos Fieras memorias.
Ven: yo no quiero que tu sér errante Vague esta noche por las frías bóvedas De este palacio, que sangrientos sueños Sólo atesora.
Sé que en la angustia de tu afán doliente Hasta el consuelo de mi amor te enoja; Mas ven al campo de las almas tristes Y melancólicas.
Allí dormida soñarás quimeras Tristes y vagas, pero no angustiosas, Mientras relatan la fatal leyenda… Ven: no la oigas.
Mas ¡ay! ¿quién puede interrumpir los daños De los pesares que al mortal acosan? Sufre y delira, vagarosa hija De mi alma loca.
Tórtola triste que en el sauce umbrío Tu amor perdido solitaria lloras: Ráfaga helada que el ciprés gimiendo Lúgubre azotas:
Són temeroso con que el mar airado Fiero amedrenta la desierta costa: Eco del viento que las huecas ruinas Cóncavo asordas,
Dadme de vuestros funerales ruidos Las más siniestras y dolientes notas, Para que en torno de la Alhambra eleve Fúnebre trova.