Versos Spanish José Zorrilla 39

Spanish poem

39

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Más pálida que el mármol de la fuente Donde apoya su brazo nacarino, Más triste que la voz con que doliente Grime en la costa el pájaro marino Cuando cercano el temporal presiente, En la ancha pila del jardín vecino Contemplaba Moraima silenciosa La triste imágen de su faz llorosa.

Suelto el cabello, que á merced del viento Por los desnudos hombros ondulaba, En el agua, al reflejo amarillento De una lámpara de oro, se miraba. Su cuerpo sin acción, sin movimiento Sus enclavados ojos, semejaba Su blanca y melancólica figura Añadida á la fuente una escultura.

A la luz que su lámpara destella, Su rostro con asombro contemplaron Aixa y Kaleb, y con callada huella A la infeliz Moraima se acercaron Solícitos: mas ¡ay! inmóbil ella, Ni les vió ni sintió cuando llegaron: «Duerme, dijo Aixa que tenaz la mira: —No duerme, dijo el Árabe: delira.»

Delirando, Moraima el ojo atento De la taza de mármol no quitaba, La imagen de su rostro macilento Contemplando que el agua reflejaba; Y al fin, con un suspiro y con acento Cuya tristeza el alma traspasaba. Con el mirar en ella siempre fijo. Así á su imágen transparente dijo:

«¿Quién eres tú que pálida me miras »Debajo de la trémula corriente? »¿Quién eres tú que como yo suspiras »Con triste faz y en ademán doliente? »¿Eres algún espíritu que giras »Por los senos del agua transparente, »En pós del bien á quien perdido lloras, »Y en el lugar en que se oculta ignoras?

»¡ Ay! no le busques, sombra enamorada: »No te fatigues más, alma perdida. »Vete, sombra: ya amor no hay en Granada: »Alma, vete: en Granada ya no hay vida. »Mira: yo estoy también abandonada »Como tú, y en el alma estoy herida: »¡Ay! yo busco también á los que adoro »Y el sitio en donde están como tú ignoro.

»Mas ¿por ventura buscas á tu esposo? »¿A tu padre tal vez? Los dos se han ido. »El Cielo estaba obscuro y tempestuoso, »Rugía el huracán cuando han partido. »Iban á pelear: era forzoso: »La tempestad allá les ha cogido… »¿Padres y esposos buscas? ¡insensata! »Míralos… el Genil les arrebata.

»Vete, pues: aún no han vuelto de Lucena. »Mas ¿porqué así me miras, sombra vana? » No me mires así: me causas pena. »¿Quién eres?… mas ¿te ríes? ¡Ah villana! »¡Tú eres alguna esclava nazarena! »Sí, sí: ¡Tú eres la pérfida cristiana, »Que me le hechiza el corazón ahora »¡Con su infernal amor!… toma, traidora.»

Dijo y tiró la lámpara á la fuente: Con hueco són al sumergirse en ella, El agua helada salpicó su frente. Quedó en tinieblas el jardín: la bella Y enamorada aparición doliente Se disipó, sintiéndose su huella Primero del jardín entre las flores, Y luego en los sombríos corredores.