Versos Spanish José Zorrilla 38

Spanish poem

38

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LA EDUCACIÓN

Como el hombre los pueblos en su infancia crecen en la barbarie y la ignorancia, y en él y en ellos la razón no asoma, y no se civiliza su existencia, mientras la educación su inteligencia no despierta, o la fuerza no les doma. Todos nacemos hoscos, berrinchudos y con mala intención; todos traemos instintos destructores y sañudos, que desde que nacemos demostramos; en cuanto mano o pie mover podemos, si un pájaro nos dan, le desplumamos; si atrapamos un trasto, le rompemos; y a nuestras propias madres arañamos, si pronto no nos dan lo que queremos, hasta que al fin, o apuros mojicones, o a fuerza de quebrarnos los antojos, nos meten en la cholla las razones, a la razón abriéndonos los ojos. Si nuestro buen papá desde chiquillos nos deja en libertad, no nos corrige, por los principios rectos y sencillos de la alma religión no nos dirige; si descuidado, en fin, no nos educa, ¿qué paramos en ser? Tontos o pillos. Muchachos, en perversas compañías aprendemos del vicio los caminos; juzga luego que son gracia muy cuca nuestra audaz juventud las fechorías que ponen en alarma a los vecinos; vicios pasan a ser los desatinos juveniles, y al crimen hay un paso, desde el vicio, no más; en nuestros días de ocio le damos sin sentirlo acaso, la sociedad nos cierra sus hogares; nuestro padre, abrevado de pesares, del hijo infame que engendró reniega, y nos maldice en su vejez caduca; al fin, del crimen el castigo llega; en nuestro mal camino, en un mal día, nos pesca en mal lugar un policía; ante un juez de bastón y de peluca nos enreda un proceso un escribano; y si algún abogado, por dinero, al juez y al escribano no embaúca, para escarmiento del linaje humano, en presencia del vulgo novelero, el verdugo en la plaza nos desnuca.

Es la historia del hombre no educado que vive en un país civilizado.

La mala educación es el vestíbulo por donde entra al alcázar de la vida el que de ella, en su tumba, a la salida, salta desde el tablado de un patíbulo,

Y así un pueblo salvaje nace, crece, y si no logra educación, perece. Crece en la desnudez bajo el gobierno del más fuerte; si llega numeroso en tierra escasa a ser, desde lo interno del bosque, valle o monte donde habita, en armado turbión se precipita sobre el vecino territorio externo; y si sale en su empresa victorioso, nombre, terreno y libertad le quita; si con fortuna a la invasión se arroja, por poco que este triunfo se repita, con lo de que a los débiles despoja se llega a hacer un pueblo poderoso. Poderoso una vez, funda su gloria en ser conquistador, en ser guerrero, de grandes hechos en dejar memoria; siente la sed del oro, ase el acero, y da principio a su sangrienta historia.

Germinan las humanas ambiciones en su seno; sus grandes capitanes el poder se disputan en facciones; y a fuerza de peleas y desmanes, de fraguar y de ahogar conspiraciones, engaña alguno a todos con ingenio, o los vence a la fuerza y se entroniza, y ese es un hombre grande, ese es un genio; da a su antojo la ley, manda, dispone; la ley de su ambición advenediza con hechos consumados autoriza, y a su nación su voluntad impone; mas, preparado siempre a la pelea, lo primero que crea es una fuerza militar, que arguya con la fuerza en pro suya cuando su ley menospreciada sea.

Si es un genio en verdad, que entra en la liza porque el bien de su patria se propone, el curso de la ley regulariza, una administración sistematiza, reúne entorno suyo cuanta gente encuentra racional e inteligente, y a la fuerza a la plebe civiliza.

Si es un brutal soldado, que no tiene más que la fuerza bruta que le abone, al pueblo que le sufre tiraniza, mientras otro, a su vez, tras él no viene, que con maña o con fuerza le destrone; quien, cuando a su poder se sobrepone, la paz entabla o la discordia atiza. así hasta la más noble inteligencia, si un día del poder las riendas ase, de su fe, su razón y su existencia tiene a la fuerza que poner por base: porque el hombre doquier, por ser valiente, se olvida de que nace inteligente.

Y no tiene otra historia ni otro origen la civilización del universo, y tales son las leyes que la rigen. De hombres y pueblos natural carcoma, el mal instinto o bárbaro o perverso, la fuerza sólo dulcifica y doma. A fuerza de trompazos se instituyen el orden y la paz; las sociedades tras una y otra lid se constituyen; y por entre estas mil barbaridades, que nada en pro de la razón arguyen, la vergonzante inteligencia asoma; y así fueron Egipto, Grecia y Roma, gloria a un tiempo y baldón de las edades. ¡Triste necesidad! ¡Dar a la tierra siempre la paz por medio de la guerra!