Spanish poem
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Era la tarde de aquel día: Rosa Desde el balcón de su alto castillejo Contemplaba la Vega tristemente Ir cambiando de tintas al reflejo Y reverberación esplendorosa De la trémula luz del Sol poniente. Cuando traspuso el horizonte en sombra, Tibia quedó la Vega granadina Del castillejo al pie, como la alfombra Verde, según la ley, con flecos de oro, Que tiende el mufti ante el Kalifa moro Cuando ora en la mezquita Tunecina.
Rosa en el punto mismo que sus ojos Deslumbrados no fueron Del sol traspuesto con los rayos rojos, Tendió su melancólica miada Por la llanura verde, Por la cual el camino de Granada Bajo los frescos árboles se pierde; Costumbre que conserva desde el tiempo En que a esperar en el balcón salía La vuelta de su amor, que no volvía.
Hoy, que ya a nadie espera, aquel paisaje Animando alcanzó por el sendero A ver adelantarse un caballero, Cuyo caballo inglés, y cuyo traje De montar, cuyo jockey y escudero Desde luego le dan por extranjero; Y según el jinete va avanzando Más va el que llega su atención llamando. Un hombre todo nervios y tendones De hombros robustos y elevado pecho, Cuello de atleta, hercúleo y derecho, Vista audaz, varoniles proporciones: Y como los que viven en naciones Cálidas, de las que él sin duda vino, Trae larga barba y el color cetrino. Y hombre parece a los trabajos hecho Del mundo, familiar con las acciones De guerra, y con los riesgos del camino, Que tuvo que arrostrar en las regiones Que atravesar tal vez le hizo el destino; Singular en el aire y las facciones: Acaso militar, tal vez marino. Rosa miraba absorta aquel jinete Que de inglés y oriental aires extraños Tiene, y se puso a calcular qué asunto Le trae, o qué deleite se promete Al visitar un punto Que no visita nadie hace diez años. En tanto el caballero, De extraña faz, pero gentil talante, Por la cuesta adelante Del castillo tomó por el sendero. De su caballo a asir vino el rendaje Su jockey, y apeóse ante el castillo: Visita a recibir tan imprevista Salió al punto Juan Diego de Astudillo, El paje y confidente De Don Juan. Deteniendo en él su vista Solo un momento, pero fijamente, Le alargo el extranjero gravemente Su tarjeta, y se puso de su traje Y faz con su pañuelo de batista El leve polvo a sacudir del viaje Al leer su tarjeta exclamó el paje: ¡El capitán Look-out! ¡Dios nos asista!
Tomó Juan de Astudillo la escalera Para avisar a Rosa; mas aunque era Ágil y mozo Juan, y aunque violento Subió precipitado a la carrera, Apareció tras él, en el momento De abrir de su señora el aposento, Del capitán inglés la faz severa.